cosas en las que me fijo y eso.

miércoles, octubre 29, 2008

Una entrevista que le hice hace tiempo a Pérez Reverte

Bueno, es muy larga pero sobre advertencia no hay engaño. Acá va. Lo conocí cuando vino a México por encargo de la revista esa de la compañía de libros de la Gandhi.
A ver qué les parece:


JJ: Cuando escribiste la Reina del Sur te debes haber acercado mucho a México, debe haber cambiado tu relación con México…

APR: Aumentó

JJ: Y ¿ qué pasó con tu relación contigo mismo y con España a través de escribir Alatriste?

APR: Si quieres hablamos de eso: yo tenía muchas cuentas pendientes con España y con el siglo de oro. Si quieres de eso hablamos.
Te voy a decir una cosa: cualquier español lúcido, con memoria, que ha leído, que conoce la historia de la literatura, que conoce a su país... Y cuando hablo de un español hablo del ámbito español, no hablo solamente de España, hablo de lo hispano, hablo de México, hablo de América, hablo de lo que fue la España en los últimos cinco siglos ¿no?, siente una profunda amargura ¿no? Por muchas razones. Primero por todas las oportunidades perdidas. España, lo español, ha sido siempre el territorio de buenos vasallos que nunca tuvieron buenos señores como decía el poema del Cid. Y a veces me pregunto si toda esa picaresca, esa inteligencia, ese talento, ese valor, personal también; si todo eso en vez de emplearse en empresas en busca de la quimera del dorado, o en vez de emplearse en quemar herejes y en acuchillarse entre unos y otros ¿no? Y en guerras estúpidas en Europa por la supremacía y la hegemonía y por la verdadera religión y por el dios verdadero, se hubiera empleado en progreso, en trabajo y en cultura y en... qué mundo tan diferente tendríamos, el mundo hispano sería tan diferente. Ser español y lúcido es una cabronada porque, porque produce una amargura especial. Pero luego también es cierto que esa lucidez te permite ver también la parte positiva.


Yo quiero ajustar con Alatriste muchas cuentas con mi memoria y mi pasado. Con lo negro y lo oscuro de lo español. Pero al mismo tiempo en ese ajuste de cuentas, no puedo evitar también detenerme ante lo bello, ante lo hermoso que fue mucho ¿no? Entonces te das cuenta de que bueno: sí, pero, también. Está la arquitectura, está la pintura, está la música, está la ciencia, está tanta gente decente, y está esta lengua extraordinaria que es la herramienta expresiva más potente que hay. Mucho más que la de los gringos. Pero mucho más de aquí a Lima. Hasta para blasfemar, hasta para insultar, hasta para desahogarte, es una lengua que tiene mucha más capacidad ¿no? El gringo dice el fuck, fuck, fuck, el español dice ay pinche hijo de su pinche madre y se caga un hijo de puta: me cago en… y al mismo tiempo es un acto de vaciarse psicológicamente, es hasta un acto terapéutico y analgésico, el poder blasfemar en español.



Quiero decir con eso que junto a la sombra hubo mucha luz. Entonces Alatriste justamente es decir: bueno, voy a rescribir, voy a decirle a mi hija la historia de lo que fue, de cómo empezó a gestarse todo esto. Pero ni como hicieron los gringos en sus películas cabronas esas en que todos los latinos eran crueles, turbios, sucios, grasientos y malvados y todos los rubios, güeros, eran todos buenos y tal y eso ¿no? Ni con ese complejo de culpa, por cierto asumido por nosotros durante mucho tiempo, porque al que le encanta es a nosotros mismos…
Todos los países tuvieron su luz y su sombra. Solamente que los españoles siempre hemos hablado más de la sombra que de la luz.
Alatriste es un intento por explicarme, por explicar a mi hija el mundo… es un ajuste de cuentas, claro que sí. Pero en ese ajuste de cuentas también hay una parte muy positiva.

JJ: Ahora, hablando de lo que decías ahorita de blasfemar y del lenguaje, en Alatriste yo sentí algo muy interesante que es acercarte un poco al lenguaje de esa época pero por otro lado, dicho y escrito como hoy…

APR: Sí es que he tenido un problema técnico muy importante. Y ahora ahí entramos ya a lo que es la técnica narrativa, lo profesional. Entonces, la cosa es la siguiente: yo tenía que contar una historia que fuese creíble en lenguaje. Si yo hubiera utilizado un lenguaje del siglo diecisiete, la verdad habría sido un lenguaje anacrónico, perdón, arcaico. Y si yo hubiera utilizado un lenguaje moderno, habría sido un lenguaje anacrónico. Tenía que encontrar un lenguaje híbrido, una mezcla que no existe en ningún lado. Tenía que inventarme yo digamos, un español que tuviese la eficacia del español moderno y al mismo tiempo tuviese el aroma del lenguaje clásico; que me permitiera introducir palabras ya en desuso pero recuperarlas de nuevo, ponerlas a circular combinadas con palabras nuevas. Yo me inventé, tuve que inventarme un español. Igual que cuando, y salvando las distancias, si tú lees a Juan Rulfo, el campesino mexicano no habla así, pero tú lo lees, a Juan Rulfo, y parece que está hablando un campesino mexicano. Bueno, pues conseguir ese efecto precisamente es la obligación de cualquier escritor coherente, ¿no? Me puse a trabajar en serio, muy seriamente, haciendo pruebas, experimentos con el lenguaje, con la sintaxis, con el vocabulario, hasta que conseguí ese lenguaje digamos, que me ha dejado contento y que bueno al lector pues también le ha dejado contento, ¿no? Pero no es un lenguaje casual, es un lenguaje muy trabajado que me cuesta mucho esfuerzo ponerlo a punto y que se basa por supuesto en todos los clásicos, en todo el lenguaje de Quevedo, de Lope, de Calderón, de Cervantes…

JJ: es muy interesante eso….

APR: De hecho me han hecho académico de la Real Academia Española precisamente por Alatriste. Las razones que ellos han… ¿cómo que académico yo? Pero no me jodas ¿qué voy a ser respetable? Yo voy a mi aire, yo, bueno pero es que me han dicho, bueno la Reina del Sur. Otro caso del lenguaje también, La Reina del Sur… Pues encantado yo, pero nunca lo pensé…

JJ: una pregunta, llevas cinco libros de Alatriste ¿no? Y de repente ahora se está hablando de la película y será, si es que sucede, se convertiría equis actor en Alatriste ¿no?

APR: Bueno va a ser Vigo Mortenssen y Gael García va a ser Iñigo eso ya está casi seguro.

JJ:L ¿qué pasa? Tú como escritor te lo imaginaste, creaste a Alatriste…

APR: Yo como escritor no me imagino nunca a nadie. No, vamos a ver, aquí hay una cosa importante que es: el cine está presente en mi narrativa como en la de cualquiera porque yo soy de un siglo en que lo audiovisual es muy importante. Además yo he trabajado en televisión muchos años, me crié con el cine clásico, en la pantallas de cine y veo mucho cine, y evidentemente que el cine proporciona a cualquier narrador actual un montón de estructuras narrativas muy importantes. Además de eso el lector ha visto mucho cine y televisión con lo cual, uno puede utilizar también, para ser más eficaz, la enciclopedia audiovisual que ya tiene el lector. O sea yo juego con lo que el lector sabe. Lo cual también es muy importante a la hora de que el lector acepte ese código narrativo que es leer una novela y creerse lo que pasa dentro. Lo que pasa es que, dicho lo cual, yo no pienso en el cine cuando escribo. Yo no puedo, yo no veo película cuando escribo una novela. Yo escribo una novela. Mis personajes son los que yo tengo en la cabeza. Y yo los imagino de una forma determinada que nada tiene que ver con la encarnación del cine. Lo que pasa es que asumo que después el cine es el cine y que el cine tiene pues sus exigencias plásticas, necesita encarnar con caras eso, ¿no? Eso quiere decir que la verdad nunca son, cuando los veo en el cine nunca son mis personajes. Salvo quizá el caso de Johnny Dep en “La novena puerta” que hizo Polanski, y hace un Lucas Corso que se parece mucho al Lucas Corso que yo describo en la novela y al que yo tengo en la cabeza, el resto no tiene gran cosa que ver con lo que yo imagino. Es muy raro que un personaje en la pantalla se parezca al que yo imagino. Y Alatriste no es Vigo Mortenssen. Pero ahí sí estoy seguro que Vigo Mortenssen hará un magnífico Alatriste. Es más estoy seguro que con Vigo Mortenssen todo mundo verá a Alatriste con cara de Vigo Mnortenssen pero bueno, ese es el cine.

JJ: Y después ¿qué? ¿volverás a hacer otra novela de Alatriste? ¿después de algo así?

APR: Yo Alatriste lo hago entre nove… yo hago novelas largas que son verdaderamente luego las que, las que más me han importando siempre ¿no? Y entre ellas, para descansar, hago un Alatriste. Lo que pasa es que lo que antes era un descanso, un divertimento, una reflexión, una especie de, de vacaciones, pues ahora se ha convertido contra mis expectativas en un fenómeno pues eso, que está en los colegios, que la película; eso me obliga a asumir con más, no rigor, pues siempre he puesto rigor, pero digamos con más dedicación el asunto Altriste, que antes era un asunto digamos, yo decía que eran novelas secundarias. La realidad es que Alatriste me lleva seis meses escribirlo. La Reina del Sur me llevó dos años y medio. Esa es la diferencia.

JJ: Y si tú estuvieras ahorita con el capitán Diego Alatriste a tu lado…

APR: He estado… ha estado a mi lado, somos viejos amigos.

JJ: ¿qué le preguntarías? ¿qué te contestaría?

APR: Nada porque es que nosotros no hablamos. Alatriste es un hombre silencioso, si te has dado cuenta es de los que hablan poco. Los héroes de verdad, y esto no lo invento nada, yo he pasado mucho tiempo no con Alatriste pero con Alatristes digamos ¿no? De hecho está construido en personajes que existen de verdad y en partes de mí mismo también. El héroe lúcido suele ser silencioso. Siempre. El que sabe no habla. Habla el que no sabe. Pero el que sabe, calla. Alatriste es de los que callan. Alatriste es como mis viejos amigos ¿no? Yo tengo amigos a los cuales a lo mejor los veo después de muchos años. Abrimos una botella de algo, nos sentamos a tomar y no abrimos la boca en una hora. Eso es un amigo. El héroe lúcido suele ser silencioso es de esos.



JJ: Algo que me llama la atención de Alatriste es Iñigo de Balboa. Iñigo es el compañero, un poco el Watson.

APR: Más que compañero es el, el alumno, el admirador, el espectador, los ojos del lector. No, no es Watson, no. No porque Watson colabora con Holmes. Pero sí es el Watson en el sentido del narrador quizá, en ese aspecto sí. Es quien narra. Iñigo es la voz, es la mirada del lector. A través de Iñigo lo vemos. Como Alatriste es un personaje muy hermético, muy silencioso, necesitamos una mirada cercana que nos lo describa y nos lo cuente y es donde aparece Iñigo como necesidad. Iñigo va creciendo. Aquí ya ha crecido. Ya ha estado en la guerra. Ya se ha cogido a sus señoras y tal. Iñigo tiene ya un punto de vista mucho más acusado, es ya alguien. Ya discute con el capitán, ya está más vivo. Pero sigue siendo la mirada del narrador. La mirada del lector.

JJ: Veo que aquí en Alatriste pasa un poquito, no sé si es una fórmula o no, lo que ha pasado en “La Tabla de Flandes” y en “El Club Dumas” y en “La piel del Tambor”, en todas, que es: hay algo que mueve la novela, hay como una persecución, una búsqueda…

APR: Ah claro, claro, es que yo necesito eso en todas mis novelas es que yo si no me aburriría mucho. Yo respeto mucho todo tipo de novela pero una novela en la cual un tipo está mirando la pared durante seiscientas páginas, a mí no me interesa nada ¿no? Aunque lo que dices sea muy interesante. Prefiero que pasen cosas ¿no? Yo siempre busco un elemento, un misterio, un enigma, una persecución, algo, un lance que me permite contar la misma historia de una forma mucho más divertida y divertirme yo y que se divierta el lector. Pues por eso hay, claro hay peripecias, en todas mis novelas la hay. A veces hay gente que dice, no esas novelas son de aventuras, no. Hay aventura en mis novelas, claro que la hay ¿no? Pero son novelas mucho más complejas que de aventuras. Aunque sea la aventura la forma exterior. Es como la Reina del Sur. La Reina del Sur es una novela de aventuras evidentemente, es una novela policíaca, de acción, pero dentro hay… estoy hablando del corazón de la mujer, una mujer en un mundo de hombres. Eso podía ser perfectamente en el periodismo, en la política, en el matrimonio, pero elegí el narco porque es un mundo más aventurero, pero el conflicto es el mismo ¿no? Eso es lo que hago, que siempre doy esa apariencia de aventura, por eso quizás me leen mucho ¿no? Por eso quizás me lee igual el lector digamos, más serio, más riguroso, me lee también el lector que lo que quiere es aventuras, peripecias, la película. Igual un chico joven que alguien mayor…

JJ: ¿ a ti quién te gustaría que te leyera?

APR: ¿cómo? Quien me lee, pues todos. ¿Qué escritor no quiere que lo lean? El escritor que diga que no quiere que lo lean es que es un imbécil o está mintiendo. O a veces es un imbécil que además está mintiendo. Pero cualquier escritor quiere que lo lean. Si no para qué escribes ¿no? ¿para masturbarte o para poder coger? Hasta para poder coger con los libros tienen que leerlos las lectoras ¿no? Siempre. A mí me encanta que me lean, no tengo ningún complejo.



JJ: Muchos jesuitas de repente aparecen en tus obras ¿Hay alguna relación con ellos?

APR: No nunca, no, no, yo estudié en los maristas y me echaron además. No únicamente que me parecen muy interesantes porque de la historia de la iglesia quizás sea la corporación eclesiástica más interesante por muchas razones. Inteligentes, manipuladores, valientes cuando dieron su batalla contra Portugal y contra España aquí en América, en Paraguay y tal. O sea me parecen gente, me parecen héroes digamos, entre comillas, ¿no? Con toda la parte negativa que tienen también ¿no? Me parecen muy novelescos. Además Aramis, el tercer mosquetero, al final de los tres mosqueteros es superior general de los jesuitas o sea que ahí hay algo de misterioso, de aventurero, que siempre me fascinó. Yo si hubiera sido cura, habría sido jesuita. Pero vamos, está muy lejos de mis…

JJ: ¿a ti qué te gusta leer?

APR: Yo ahora releo más que leo. Yo leo desde los ocho años. Yo crecí en una casa con una biblioteca de cinco mil volúmenes y la mía: tengo quince mil volúmenes en casa. Y en mi velero tengo unos doscientos o trescientos que llevo continuamente.

JJ: ¿vives en Madrid?

APR: Vivo en Madrid y en un velero que tengo. Paso parte en un velero en el mar mediterráneo y parte en Madrid. Cuando has leído toda la vida decir qué lees es muy, porque yo leo mucho. Leo de historia. Sobretodo lo que hago es que releo más que leo. He estado toda la vida leyendo. Tengo además una formación académica y educación en mi casa muy rigurosa con latín, con griego. De esas que se hacía antes en las familias mediterráneas que pensaban que el latín, el griego, todas esas cosas eran buenas para… y es verdad, me alegro mucho de haberlo hecho. Pero bueno pues ahora lo que hago es que releo. Pero sobretodo releo mucha historia. Me interesa mucho. Y novela muy poca. Y novela contemporánea menos. Muy poca.

JJ: ¿por qué?

APR: Pues porque no me interesa. Leo aquello que me interesa. Si estoy trabajando en una novela entonces sí leo aquello que tiene que ver con esa novela. Por ejemplo cuando estaba con la Reina del Sur me leí de México cuanto pude: novela, ensayo, poesía, economía, todo ¿no?. Pero no porque, es que leído mucho, es que ya me he leído todo. Es que a Mann, a Stendhal, a Balzac, a Cela, a Tolstoi, Dostoyevsky, a Scott Fitzgerald, a Dumas, a Conrad, a Dickens, a Rulfo, a Hemmingway, a todos me los he leído ya. Entonces claro, pues, a veces releo algo que me interesa mucho, pero yo creo que lo que leo son sobretodo los libros de historia. O releo los clásicos españoles y griegos y latinos que me interesan mucho. Sobretodo hay una biblioteca, esa biblioteca Gredos, que tenemos en España, que tiene todos los clásicos griegos y latinos, pero todos, son quinientos volúmenes ¿no? Y la tengo y ahora, con la vejez, con la edad, acudo cada vez más a esa… los estoicos, los filósofos estoicos, cosas que me interesan mucho. Que después me ha servido para mis novelas ¿no? De todo se utiliza, todo vale para las novelas.

JJ: Sí, yo veo que investigas mucho. Yo me acuerdo que en la Carta Esférica, por ejemplo, yo descubrí que de repente había otro meridiano, un huso horario distinto, en Cádiz…



APR: Es un trabajo muy divertido. Escribir una novela no es solamente escribirla, es que, durante dos años me garantizo lecturas, viajes, es como garantizarte un territorio en el cual vas a ser feliz durante ese tiempo. Yo soy un escritor muy feliz ¿eh? Yo no sufro. Cuando un amigo me dice: no, la página en blanco, la agonía de la creación, le digo vete a tomar por culo. Pues cambia de oficio pendejo. O sea no seas escritor, sé otra cosa. Porque si no disfrutas ¿para qué coño escribes no? Es que yo creo que me lo paso muy bien.

JJ: O sea que es un mito eso de que el escritor…

APR: en mi caso es un mito, en otros casos no lo sé. Pero en el mío… yo soy muy feliz. Si yo no fuera feliz te aseguro que yo no escribiría.

JJ: Y ser corresponsal de guerra ¿ qué te dejó?

APR: Me dejó el punto de vista, la forma de mirar el mundo, me quitó muchas inocencias, me dejó lucidez, me dejó muy mala leche, que decimos en España, un gran desprecio por la condición humana, muy poca credibilidad para los hombres. Algunas certezas, algunas esperanzas también y sobre todo me dejó una forma de mirar el mundo. La certeza de lo frágiles que somos, de lo vulnerables que somos. Paradójicamente, desde que sé lo vulnerables que somos, yo tengo menos miedo. Porque asumo que el mundo es una… que todo lo tenemos en préstamo: la belleza, los objetos materiales, el amor, la salud, lo tenemos en préstamo. Temporalmente. Entonces la guerra te enseña a ver que todo es relativo. Y me enseñó a vivir con más sencillez y a no complicarme la vida. A no pretender buscar grandes respuestas a preguntas difíciles. Me ayudó a vivir con más sencillez, y sobre todo me dio una manera de ver el mundo que es la condición para mis novelas.

JJ: Y regresando a Alatriste, ¿tu hija? Finalmente, después de cinco.

APR: Mi hija sólo me ayudó en la primera. Es que mi hija era muy pequeña, tenía doce años. Yo quería que ella se interesase por el siglo de oro, por la literatura, por la historia esa. Entonces le dije: quiero que me ayudes. Pues iba al museo, tomaba notas, me contaba su punto de vista. Le pagué mil pesos por su trabajo.

JJ: ¿ y se interesó?

APR: Se interesó. Ahora estudia historia y arqueología. Así que mira si se interesó o no. Pero bueno, por eso firmé con ella. Literalmente me ayudó muy poco. Únicamente fue una forma de que ella se implicara en esa historia. Verdaderamente ese libro está dedicado a ella. la serie está dedicada a ella.

JJ: ¿ sólo tienes una hija?

APR: Sólo tuve tiempo de hacer una. La vida que llevaba no me permitía tener familia numerosa. Durante veinte años trabajé siempre en países en guerra. Siempre. Desde el año setenta y tres hasta que me retiré después de Sarajevo. Todo fueron guerras entonces, claro, pues siempre estaba viajando, la mochila al hombro. Yo hacía fotografía durante mucho tiempo hasta que me cansé de la cámara. Durante diez años yo hacía mis fotografías. Después pasé a la televisión. Y bueno, siempre viví con la imagen. Claro, todo eso no te deja tiempo ninguno para vida familiar. Y fui un vagabundo veintiún años. Por eso te digo: un mercenario honesto. Y bueno, ya un día se acabó y me dediqué a escribir y a poner todo eso, a ponerlo, a ordenar lo que durante toda esa vida había yo ido echando a la mochila en desorden.

JJ: En ese sentido a lo mejor sí cumples un poquito con el estereotipo, si quieres, del escritor que primero vive…

APR: Ah, sí, sí. Es que yo creo. No, es que yo creo que no hace falta irse a la guerra para eso. Cuando un chico joven viene y me dice: no es que yo soy escritor, le digo: tú eres una mierda. Tú tienes dieciocho años. ¿Cómo vas a ser escritor si no tienes nada que contar pedazo de cabrón? Salvo que seas un monstruo, salvo que seas un genio, que a veces se dan, pero no es el caso habitual. Tú no tienes nada que decir, tú serás escritor un día si escribes, si estudias, si lees, si vives. Y después tu vida, más tus libros, todo eso, se volcará en una obra o no se volcará y ya está. Pero cuando uno, o sea, es que ¿cómo va a escribir? ¿de qué va a escribir lo que no ha vivido? Un tipo que ni ha amado, ni ha cogido, ni ha llorado, ni ha sufrido, ni ha viajado, ni ha estado solo, ni ha estado enfermo, ni ha pensado en el dolor o en la muerte ¿ de qué cojones va a escribir?



JJ: Sí, como que de repente escribir se ha vuelto una cuestión así de moda y…

APR: Me parece que te voy a decir, yo escribo porque tengo algo que decir, yo escribo porque tengo una historia que contar. Y si no: “No, es que yo quiero escribir y no tengo una historia”, pues entonces no escribas gilipollas. Eso es así ¿no? El mundo es muy estúpido y eso es una forma más de estupidez. Yo creo que el escritor tiene que formarse en la vida primero ¿no? En lecturas, en imaginación. Después en talento narrativo, en capacidad técnica. Porque un escritor también tiene que estudiar. ¿ Cómo un tipo va a escribir novelas si no conoce toda la novela del siglo diecinueve? Si no conoce a Stendhal, a Galdós, a Dostoyevsky, a Tolstoi, a los que inventaron la novela. Es como Picasso. Tú puedes ser Picasso pero antes tienes que pintar como Velázquez. Si no nunca serás bueno como Picasso. Pues es eso. No un poco sino que es eso. Y yo sostengo que es necesario ese aprendizaje técnico, ideológico, para después poder escribir. Por lo menos en mi caso yo lo veo así.

JJ: Oye ¿y ya estás trabajando en algo nuevo?

APR: Sí, siempre trabajo en algo nuevo. Sí, tengo una novela nueva. Sí, que ésta la acabo de sacar ahora. Y me llevará un año y medio, dos años me llevará de mi vida.

JJ: ¿dos años te lleva una novela?

APR: Una novela larga sí.

JJ: ¿y es dos años desde que empiezas a investigar o ya de escritura real?

APR: No, no, desde que empiezo a investigar.

JJ: Oye. Y ya para terminar, para no hacer esto enormemente largo, aunque por mí me quedaría contigo todo el tiempo, tengo que hablar del once de marzo, tengo que hablar de lo que acaba de pasar en España: ¿Qué sientes? ¿qué te gustaría decir de eso?

APR: Más que triste estoy furioso. Furioso. Porque esto no es más que el resultado de la estupidez, la ignorancia y el fanatismo mezclados como cóctel ¿no? Es el peor cóctel que se da, lo he visto en muchos sitios. Yo pasé, como hemos dicho, la vida en países en guerra, en Sarajevo, en Beirut, en el Zaire, mil, mil sitios ¿no? Y siempre es la misma historia, siempre es la misma historia: un ignorante, fanático y estúpido es el capaz de hacer esas cosas ¿no? Eso solamente se cura de una manera, con libros. Con los míos o con los de otros. Solamente la cultura, el conocimiento ¿no? la cultura de verdad, no la de diseño, absurda, ni tal. Sino la cultura como memoria, como solidaridad, como caridad internacional ¿no? Ya sabes que todos somos parte de una vieja historia ¿no? que tiene diez mil años de antigüedad, que nace en el mediterráneo, en la India, en el Islam, en Grecia, en Roma, en la entidad medieval que viene a América en naves españolas, se mezcla con los indios y se hace criollo y se hace mestizo y vuelve allá y bueno, eso ¿no? Esa vieja y hermosa historia de lo que llamamos el mundo conocido, el mundo civilizado, el mundo occidental, que es el nuestro. Solamente se explica con cultura y quien la conoce no puede odiar ¿no? Quien la conoce comprende. Solamente odia aquel que no conoce ¿no? Le dice: No, es que vino tu abuelo y se folló a mi abuela, y se folló y tal, y te mató la cabra, a su tatarabuelo y tal, tal, tal. ¿ah sí?. ¡qué hijos de puta! ¡Vamos a matarlos! Pero si lee y sabe y entiende esta gente que no es así. Yo siempre me acuerdo una vez en México, un purista mexicano: llego y me siento y empieza a insultarme ¿no? Usted tal, ustedes los españoles y gachupines cabrones vinieron aquí a romper los hijos y a matarnos a todos y tal y eso, ustedes, ustedes. Y yo, ya educado, ya me hartó y le dije: un momento, usted cómo se llama, ¿cómo se llama de apellido? Dice: me llamo Fernández. Pues quien vino fue su abuelo, quien se folló a su abuela fue su abuelo. O sea, el mío se quedó ahí. Entonces usted tiene que arreglar cuentas con su abuelo. Usted no puede renegar de su abuelo. Forma parte de su vida. Si usted leyera se daría cuenta de que eso forma parte, de que México es España. Que lo dicen los Tigres: indio de dos continentes mezclado con español. Yo soy más americano que el hijo de anglosajón. Eso es México, no me toque los cojones, vaya usted y lea libros. Y verá que en efecto hubo muchas cosas malas y también hubo muchas cosas buenas. Pero que fue su abuelo de usted… fue el suyo. O sea está en su sangre, coño, o sea no me joda. Me puse… y el tío se quedó muy tal, y después ya: pues es verdad ¿no? Entonces conociendo, leyendo, sabiendo, es como se evitan esos odios horribles. Uno puede asumir las cosas como son. Todos somos fruto de un mestizaje universal. De un montón de culturas diferentes y de razas ¿no? Y leyendo lo comprendemos. Sin ese conocimiento, sin esa lucidez que nos da la cultura, no somos más que bestias enfrentadas por el agravio. Y claro, cuando uno no tiene memoria, de lo bueno sólo queda el agravio. Y todos tenemos agravios contra otros ¿no? Por eso es que creo que la única vacuna para esas canalladas como la de hace dos días en Madrid, es la cultura. Y los libros ¿no?



JJ: La vacuna contra muchas cosas ¿no?

APR: contra todo, contra todo, contra todo.

JJ: yo creo que algo bien interesante es que tu trabajo puede ayudar mucho en México a que los muchachos lean, la gente joven siempre puede leer una cosa que es así, que es divertida, que es ligera…

APR: Pues para eso surgió. ¿Sabes que el libro éste está en los colegios de España y también está en colegios mexicanos que trabajan con Alatriste? Porque al fin y al cabo estamos hablando de un siglo que, también México era España, Ruiz de Alarcón estaba allí, no estaba aquí.

JJ: Exacto. Y lo tienes en la novela ¿no?

APR: Era todo el mismo territorio, sufrimos todos bajo los mismos reyes incapaces, estúpidos, ministros hijos de puta, ladrones y corruptos y curas fanáticos y febriles. Todos sufrimos igual allí que aquí, todos sufrimos igual. Y bueno, entonces entenderlo es conocer la propia memoria. Y entonces, somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos. Y cuando lo conoces entiendes mejor el mundo actual y lo puedes comprender. Te duele menos. Te relacionas mejor con la gente. De eso se trata, por eso nace Alatriste.



JJ: Y si además te diviertes en el proceso, mejor ¿no?

APR: es que además me divierto, me divierto mucho.

JJ: Eso es lo que yo rescataría muchísimo aquí.

APR: Me divierto mucho y se nota además que me divierto mucho.

JJ: Sí. Por supuesto.

No hay comentarios.:

ShareThis