anotaciones y berrinches

cosas en las que me fijo y eso.

viernes, febrero 05, 2010

Los ríos de oro. La conquista y el imperio. ¿Por qué no me sorprende?


Ya terminé Rivers of Gold, la obra del historiador inglés Hugh Thomas. Se trata, antes que nada, de un historiador muy reconocido del que ya he hablado antes. Tiene un libro de la Guerra Civil española en dos volúmenes que se ganó el premio Pulitzer. Esa la leí y pude entender un poco mejor el merequetengue que provocó ese conflicto. Un poco solamente porque, la verdad, fue una época en la historia de España donde hubo cientos de actores pensando, diciendo y haciendo cientos de cosas diferentes. También me enteré que la ciudad donde se experimentaron muchas cosas que luego se implementarían en la segunda guerra mundial, como los bombardeos a ciudades, fue Madrid. Thomas también escribió un libro maravilloso que, en mi humilde opinión, debería ser libro de texto obligado en las escuelas mexicanas: La conquista de México. Cuando lo leí entendí mucho mejor ese pedazo de nuestra historia ( lástima que el virreinato esté tan olvidado y oculto, ¿alguien me puede recomendar dónde leer algo bueno referente a ese periodo?). Entendí que la conquista fue producto de varios malentendidos pero, sobre todo, de traiciones. Tanto entre los españoles como entre los aztecas, los tlaxcaltecas, los tarascos y todos ellos.

Poco a poco, sin haber leído nada al respecto, me enteré de que la conquista del perú y la caída de los incas fue muy parecida. No sólo porque se trató de una traición y de unos cuantos españoles, en realidad sólo un puñado, que acabaron con un imperio al igual que Cortés y sus secuaces. También en el Perú, como acá, los españoles estuvieron a punto de ser exterminados y la historia hubiera sido, probablemente, muy distinta. Pero en ambos casos los indígenas dudaron y eso permitió que las cosas ocurrieran como todos sabemos.
El libro de Rivers of Gold es la visión del germen del imperio español desde lo que ocurrió allá. Abarca desde el momento en que Colón convence a la reina Isabel para que lo apoye hasta cuando Magallanes y Elcano le dan la vuelta al mundo. Es muy interesante ver lo que ocurría allá, que era mucho. Y así uno se da cuenta de que muchas cosas de las que ocurrieron de este lado del mundo pasaban porque allá no les interesaba demasiado lo que sucedía. Tenían demasiados problemas que resolver. Es una historia fascinante. Fernando el católico. Su hija loca. El hijo que se le muere, su segunda esposa y el nieto, Carlos, que terminará dándole su nombre a unos ricos chocolates. Je.
Muy recomendable para los que les guste la historia. No es una novela, aclaro, pero se lee como si lo fuera. Y, por cierto, en el título del post me preguntaba a mí mismo por qué no me sorprendía esta historia. La respuesta es que no me sorprende porque es totalmente congruente con lo que somos. Cuando ves que los españoles se la pasaban dándose la espalda unos a otros por el oro después de haber sido, supuestamente, grandes amigos, te das cuenta de dónde viene nuestra propensión a pensar que el que no tranza, no avanza.
Y me queda pendiente leer también sobre la conquista del Perú. Eso me falta. Nuevamente, ¿alguien puede recomendarme algo?

El teatro. Porque la vida es un escenario, ¿verdad?


Hugo Hiriart es un nombre que he escuchado muchas veces, específicamente relacionado con el teatro en México. La verdad, he leído poco de él. Hace muchos años cayó en mis manos un libro: “Disertación sobre las telarañas”, que es la recopilación de una serie de artículos escritos por él. Me gustó mucho en ese entonces por su manejo del idioma y por sus ideas. Es notorio que se trata de un discípulo del gran escritor mexicano Alfonso Reyes, el de Monterrey.
El caso es que ayer tenía que ir a una reunión lejos y con eso de la lluvia, pues no me animé a ir en la bici. Metro fue la elección. Cuando llegué a la estación me di cuenta de que no llevaba qué leer y a esa hora el periódico ya había pasado por mis manos así que me metí a una librería a encontrar algo económico para tener con qué entretenerme. Me decidí por “La torre del caimán y Rosete se pronuncia de Hiriart. No me di cuenta de que se trataba de un par de obras de teatro escritas para ser escenificadas con títeres. Tal vez si lo hubiera sabido, no lo compro. Pero mi sorpresa fue grande y grata. De ida me leí una de las obras y de regreso de la reunión la otra. La verdad es que el teatro leído nunca ha sido mi fascinación. Como que me parece más algo que de verdad existe cuando se escenifica. Claro que tampoco voy mucho al teatro, je je.
Pero en fin, leí teatro y me encantó. Antes que nada debo aclarar que la edición es muy bonita. La portada increíble. La editorial es Almadía, la misma de otro libro que ya reseñé acá y que me encantó: El ladrón de sueños. Un detalle genial es que en la solapa posterior tiene un separador que puedes recortar y usar. Ya saben, desprenda por la línea punteada y listo.
La primera obra en el libro de Hiriart, la de Rosete se pronuncia ( título que me hizo pensar demasiado y, sobre todo al terminar, en la fabulosa novela de Tabucci: Sostiene Pereira) es muy breve y divertida. Trata sobre el destino y lo inevitable que es a pesar de que tratemos de huir de él. Es sobre un agente secreto que se niega a acudir a una misión peligrosa pero que, cada vez que se aleja de ella, se acerca más. La segunda pieza es mucho más particular. La torre del caimán está escrita en verso a la manera de los corridos. Y se supone que se trata de una obra que debe representar un cantante de corridos ebrio, la mitad cantada uy la mitad hablada. Me divertí mucho. Es, además, una deliciosa fantasía de magia, historias y fantasía a la manera de las mil y una noches. Con torres dentro de torres y paisajes dentro de paisajes. El caso es que descubrí que de pronto leer teatro puede ser una alternativa interesante. Gracias Hiriart.

miércoles, febrero 03, 2010

Escribir siempre es difícil. Y en la web, también.

Me encontré esta interesante presentación acerca de cómo escribir mejor para internet. Como todas las discipinas, la escritura requiere de una serie de habilidades y técnicas que permiten que los mensajes pasen mejor, sean más convincentes o toquen las emociones.
Y claro, no es lo mismo escribir una novela, un cuento, un ensayo, un artículo para el periódico o, incluso, un anuncio. Cada uno de estos medios tienen unas características y objetivos que reclaman una serie de habilidades muy particulares. Un tipo de frases con ciertas características o un lenguaje específico. No por nada hay mucha gente que dice que los que nos dedicamos a esto de escribir anuncios, vamos adoptando una serie de "vicios" (si es que se les puede llamar así) que se reproducen en los textos que hacemos para otros medios como un cuento o un poema.
El caso es que en internet cada vez escribimos y leemos más. Y, definitivamente, hacer un blog no es igual a escribir una nota, una entrada en un diario o un reporte de conferencia. Por eso me parece que esta presentación puede aportarle algo a quienes se dedican, como yo, a hacer que las palabras digan cosas y no sólo suenen bonito. Aunque eso también se vale, ¿no?.

viernes, enero 29, 2010

La conquista del Amazonas y las amazonas.


Hace un par de posts les contaba acerca de un libro que estoy leyendo que es el de “Rivers of Gold” de Hugh Thomas, el historiador inglés. Parece ser que el tema se me ha convertido en una obsesión o que, por alguna extraña razón del destino que aún no alcanzo a descifrar, es necesario para mí leer acerca de la conquista para reconciliarme con algo. No lo sé. Lo que sí sé bien es que estoy gozando mucho con todos los libros que están cayendo en mis manos este principio de año.
El país de la canela, de William Ospina es el último que leí, mientras acabo el de los ríos de oro. Y lo curioso es que también se trata de un río: el más grande de todos. Esta es la novela, narrada por un hijo de español e indígena en tiempos de la conquista de Sudamérica, acerca del descubrimiento del Amazonas y del primer viaje a través de esa extensa, misteriosa, fascinante y peligrosísima extensión de agua. Me pareció delicioso. Y aterrador. La verdad es que la conquista, como me imagino que todas las guerras, estuvo llena de actos tremendos, crueles y casi que hasta sádicos. También de traiciones.
La conquista del Perú, tan similar a la de México, se narra como de pasada, pero uno puede adivinar que las masacres estuvieron de a peso. Y que la traición era la moneda de cambio. No sólo de los españoles a los habitantes de las tierras a las que acababan de llegar sino también entre ellos mismos. Es como si nadie pudiera ser leal a nadie. Ni siquiera a aquello en lo que creían cuando zarpaban para cruzar el mar.
En el viaje de Orellana por el Amazonas hubo muchos muertos, mucha sangre y muchas pequeñas tragedias. Lo que más me gustó de todo fue escuchar la voz de uno de esos hombres. Porque de pronto te das cuenta de que, también, ellos estaban aterrados y actuaban muchas veces sin siquiera pensar en lo que hacían. La narración es toda en primera persona, lo que te acerca mucho al personaje. Y es, en realidad, una advertencia que escribe el protagonista, cuando ya toda su vida ha pasado y se ha codeado con los Pizarro, con el mismo Orellana y hasta con los cardenales en Roma que escuchaban asombrados su historia pero sólo se preocupaban por saber cómo eran esas mujeres, las amazonas, que le dieron su nombre al río. La advertencia se la hace a un joven que, lleno de ambición, quiere también perderse en esa inmensa selva de la que nadie sale incólume, como del libro.

viernes, enero 22, 2010

Bicicletas. Ecológicas y estilo origami.


Desde hace dos semanas estoy viviendo algo que nunca me imaginé aunque muchas veces había soñado con ello. No se trata de nada que me vaya a cambiar la vida, aunque uno nunca sabe las consecuencias que cualquier acto puede llegar a tener. ¿Qué pasó? Pues que me compré una brompton. La brompton es una bicicleta plegable inglesa que, de verdad, es una maravilla.
A mí siempre me han gustado las bicis aunque tampoco soy un gran fan del asunto. Por ejemplo, me gustan el Tour de Francia y el Giro, pero jamás los he seguido, y si me preguntan, a los únicos ciclistas que recuerdo es a los que son excesivamente famosos y aparecen en todas las revistas y conversaciones. Como el Armstrong ese de las pulseritas amarillas contra el cáncer, ya saben cuál. A muchos otros los “recuerdo” o más bien debería decir reconozco, cuando escucho o leo sus nombres. Más allá de eso no sé mucho. Bueno, claro que está la película esa de las trillizas de Belleville que, si no la han visto, deben hacerlo pues es de esas historias únicas y hechas de una manera también única.

Tuve mi bicicleta cuando era más joven ( sigo siéndolo, por lo menos en mi imaginación, claro). Era una magistroni de carreras. Verde. Nunca le puse un aditamento especial ni nada así. Mi relación con ella siempre fue meramente funcional. La usaba para ir a la escuela todos los días y ya. Yo estudiaba en Legaria, en una escuela junto a la casa de la moneda y vivía muy cerca, en Polanco. Todo es plano en esa zona así que la bici funcionaba perfecto. Alguna vez hice la locura de viajar hasta arboledas en ella y hasta Cuajimalpa. En ambas ocasiones, los eternos kilómetros y las aun más eternas subidas, se encargaron de castigar mi imprudencia y no volví a repetir esa locura. En una par de ocasiones tuve accidentes, nunca muy graves pero aprendí dos cosas. La primera es que siempre hay que fijarse al cruzar una calle y la segunda es que hay que tener mucho cuidado con los coches estacionados porque, en cualquier momento, se abre una puerta y para qué les cuento.
La magistroni desapareció de mi vida por causas extrañas de las que no tengo recuerdo así que no sé dónde terminó. Ahí acabó mi relación con las bicicletas hasta hace dos semanas. Bueno, un poco más porque hace unos meses comencé a trabajar en un proyecto muy interesante sobre un nuevo sistema de bicicletas que va a haber en la ciudad y que se llama ECOBICI ( ya lo puedo mencionar abiertamente porque ya salió a los medios.
El caso es que de pronto las bicicletas regresaron a mi vida y me dieron ganas de montarme en una para salir a dar vueltas y moverme por toda la ciudad en ella. No me gusta ir en el coche más que en carretera. Odio el tráfico y tener que dar vueltas y vueltas para encontrar estacionamiento así que la bici me pareció una buena manera de moverme (normalmente me transporto en metro, metrobús, caminando o, cuando tengo prisa, pues en taxi).
Yo ya conocía la brompton porque un amigo compró una hace varios años. La verdad, desde esa vez que la vi me quedé impresionado. Está hecha con una calidad impresionante, con una atención al detalle casi que obsesiva y con un diseño de verdad inteligente. Se dobla en unos cuantos segundos y la puedes llevar cargando a donde se te antoje. Le di unas cuantas vueltas a la idea de comprármela y finalmente me animé. Ahora tengo una y mi manera de moverme, de veras, ha dado un giro de 180 grados.
En la ciudad hay que ser muy cuidadoso al manejar en bici porque, como saben, en las calles hay un caos, una anarquía y un desastre total. Nadie respeta las señales, los semáforos o, incluso, el sentido de las calles. Todo mundo va molesto, de malas, nervioso y a la defensiva. Mucha gente es agresiva y, los que no, tan despistados que uno no sabe si van o vienen. En fin, todo un reto. Hay que tener los cinco sentidos puestos en lo que estás haciendo, aunque suene a cliché. Lo que me ha sorprendido es que la gente es menos peligrosa de lo que pensé y, en general, en la zona en que me muevo, uno puede ir tranquilo si se cuida. Ni siquiera los microbuses me echan lámina. Estoy azorado, por decirlo extrañamente. Je.

Bueno, los que estén considerando comprar una bici, denle una miradita a la brompton, es genial. ¿Cara? Pues sí, no es una bici cualquiera. Pero creo que en pocas ocasiones he comprado algo, lo que sea, que me de tan buen valor por mi dinero, para usar otro cliché. Ah. Y los que no estén pensando en tener su propia bici pero quieran experimentar cómo moverte en bici te puede cambiar la vida diaria y se transporten en la zona de la condesa, la juárez, la roma norte o la cuauhtémoc, estén pendientes porque ya viene ECOBICI. Ya luego les platico de eso.

domingo, enero 17, 2010

Un hombre disoluto. En muchas palabras.


En España le decían hidalgo al “hijo de algo” es decir, aquella persona que heredaba unas tierras o un título nobiliario. De un origen similar es la palabra hideputa (que creo que no tengo que explicar mucho). El libro que terminé de leer anoche se llama Asuntos de un hidalgo disoluto (que de hidalgo y de hideputa tenía mucho). es una novela deliciosa. escrita por un colombiano que se llama Héctor Abad Faciolince. Es la biografía que un tal Gaspar Medina le dicta a su secretaria y que nos cuenta su historia. La de un hombre que nunca sucumbe a las pasiones, ni al alcohol, ni al sexo, ni a las drogas, ni a nada. Bueno, que no sucumbe es un decir. Él trata siempre de caer en las tentaciones para sentirse más humano pero no puede por más que lo intente. Me encantó. Se trata de un libro escrito con mucho cuidado. Con un lenguaje sofisticado pero a la vez, extremadamente divertido. Muy recomendable. Lo que más me gustó es la voz del protagonista que es tremendamente irónico, sarcástico y rezuma un humor negro muy muy oscuro. Como el del tal Larry David de “Curb your enthusiasm” ¿Lo conocen?
Lo leí como interludio ( o descanso, si se quiere) del otro que estoy casi terminando y que se llama Ríos de Oro, la historia del imperio español en la época entre Cristóbal Colón, el genovés que llegó a América y Magallanes, el otro gran navegante. Luego les cuento lo que me pareció ese libro. Antes tengo que terminarlo.

martes, enero 12, 2010

Sapos, científicos y un crimen de lujuria


Según el diccionario de la RAE, “bufo” es lo cómico que raya en grotesco y burdo. También es el personaje que hace el papel de gracioso en la ópera italiana. Pero además, bufo es la palabra en latín que se usa para definir a los sapos. Por eso los nombres de los animales que son de esa familia se llaman así: bufo periglenes, bufo boreas, bufo alvarius y muchas bufonadas más. No sé por qué los sapos son considerados chistosos o cuál sea la relación entre ambas palabras, pero en la novela Bufo & Spallanzani de Rubem Fonseca hay sapos, veneno de sapos y muchas situaciones que podrían ser consideradas grotescas. Chistosas no sé.
Spallanzani, por el contrario, fue un científico italiano precursor de pasteur que estudió varias cosas relacionadas con los microbios y fue el inventor de la inseminación artificial pues fue el que descubrió que para que un animal se reprodujera se necesitaba semen y un ovario.
Esta novela de Fonseca, en la que aparece brevemente un relato sobre el susodicho científico y muchas situaciones en las que hay reproducción entre humanos que parecen animales, me encantó, como todo lo que he leído de él. Fonseca es uno de los escritores más crudos y descarnados que he leído últimamente. Ahora que leo su biografía me doy cuenta de que toda su vida fue policía y entiendo muchas cosas. Se ve que tiene un palco privilegiado para observar de cerca lo peor y lo mejor del ser humano.
La novela trata sobre un asesinato piadoso y sobre un hombre, un escritor, que vive torturado por su pasado y se olvida de él perdiéndose en la lujuria. Entregado a ella. Dicen que las pasiones son la mejor forma de escapar de la razón, ese animal que nos tortura con su voz en el cerebro. La verdad es una novela deliciosa y la recomiendo mucho, mucho. Sobre todo porque el lenguaje y las situaciones, en esa ciudad de Río de Janeiro, parecen estar calcadas de una Ciuydad de México que pocas personas han descrito como él la describe. Otras novelas suyas que me gustaron: “Y de este Mundo Prostituto y Vano, Solo Quise un Cigarro en mi Mano”, “Mandrake, la Biblia y el bastón” y “Vastas Emociones y Pensamientos Imperfectos”. Por sus títulos lo conocereis.

La servilleta vendedora.

Bueno, pues además de que acá su servilleta sea un vendedor, pues me encontré con un documento muy interesante acerca de cómo hacer una presentación en una servilleta. La idea está enfocada a vender un concepto de negocio de manera breve, poderosa y convincente.
Creo que, como leí en el blog del Wall Street Journal donde encontré esta referencia, que han habido ideas muy importantes que se han vendido así, como la línea aérea Southwest o la computadora Compaq. También recuerdo que aquel personaje que se usó para vender seven up ( fido dido, ¿recuerdan?) también se hizo originalmente en una de esas servilletas de papel.
Lo interesante me parece la manera en que se resumen los elementos clave que debe tener una presentación convincente. Me parece que mucho de esto se puede aplicar a las presentaciones de powerpoint o keynote que hacemos los publicistas casi diariamente, ¿o no?


miércoles, diciembre 30, 2009

Reflexión inutil de fin de año.

Termina el año. Es difícil hacer un buen balance de un año como éste en el que tantas y tantas cosas han ocurrido. No sólo en nuestra vida como sociedad (mexicana y mundial) sino en las vidas personales de cada uno de nosotros.
Para mí fue un año muy difícil. Lo más duro fue la muerte de mi madre, algo que no nos esperábamos (claro que la muerte, aunque siempre esté presente agazapada detrás de una puerta, nunca es esperada) pues ella fue siempre la fortaleza personificada. Cuando leí lo que le escribí el día de la misa que celebramos por ella, algo que me llamó mucho la atención fue darme cuenta de que en realidad la tuve, la tuvimos, prestada durante muchos años. Cuando ella era más joven y mi hermano y yo éramos unos niños, le descubrieron un cáncer de esos que son más bien una sentencia de muerte. Ella se rebeló ante el diagnóstico que le daba sólo unos meses de vida y persistió acá durante más de treinta años. Fue un regalo. Tanto para nosotros como para ella. Pudo vernos crecer a los dos, disfrutar a su familia, ver nacer a sus tres nietos y gozarlos. Tal vez no tanto como ella y nosotros hubiéramos querido, pero los disfrutó de todas formas. Nos dio mucho. Más que nada, un ejemplo a seguir. Fue una persona inigualable y no lo digo sólo porque haya sido mi madre sino porque dejó una huella imborrable en muchísima gente. Generosa, amable, siempre dispuesta a escuchar, tolerante y humilde. Le entregó su vida a los demás y con ello nos hizo a los demás cómplices de su vida. Esa será la marca que tendrá siempre el 2009 en mi corazón y en mi cerebro, las dos partes de lo que soy ( cuando hablo del corazón no me refiero necesariamente a ese músculo admirable que no deja de moverse mientras vivimos sino al espacio indefinido donde radican mis emociones o donde se generan y que, me parece, está ubicado en algún lugar del estómago, ahí donde se sienten mariposas cuando te enamoras).
Pero el 2009 fue muchas cosas más. Fue el año de la epidemia que nos hizo sentirnos como conejillos de indias a merced de unos virus que no podemos ver ni entender ni sentir pero que, amenazantes como un tigre en la oscuridad de la selva, estaban siempre ahí listos para atemorizarnos con sus mordidas silenciosas. Las calles de la ciudad se convirtieron en un cementerio donde era casi imposible cruzarse con alguien que no tuviera, sobre la mitad inferior del rostro, un pedazo de tela azul que, aunque sabíamos que no servía para nada, nos poníamos religiosamente antes de salir a la calle. Las tiendas y los restaurantes cerrados, con pequeñas cartulinas que hablaban de la contingencia sanitaria hechas aprisa, sólo enfatizaban lo precario de la situación en la que nos movíamos. En esas fechas viajé a España y desde el aeropuerto, cuando tuvimos que pararnos frente a los detectores de temperatura que supuestamente ayudaban a controlar el flujo de enfermos, sentí que estaba viviendo una situación de excepción. Me imaginé a mí mismo como el protagonista de una de esas películas de epidemias que tanto explotan nuestros miedos. En España viví la experiencia de subir al metro y ver a gente burlarse de la enfermedad, la gripe mexicana, como anunciaban los periódicos en enormes titulares. Eran las doce de la noche y yo regresaba de ver a una prima mía en el barrio de Lavapies, un lugar fascinante, repleto de gente de todas las etnias, nacionalidades y preferencias sexuales y religiosas. Babel. En el vagón del metro el silencio se vio interrumpido por dos chicas, medio borrachas, que regresaban de una fiesta que debe haber sido monumental. Una de ellas repetía a todo volumen que acababa de regresar de México y que tenía la gripe. Nos estornudaba a todos encima, en son de broma. Estuve tentado de decirle que yo sí venía del otro lado del mar y que con gusto la contagiaría, si eso era lo que ella quería, pero el pudor, esa extraña sensación que muchas veces se apodera de mí e inmoviliza mis miembros, me jugó una mala pasada. Me quedé quieto viendo cómo ellas se bajaban en la siguiente estación y se alejaban, riendo, entre falsos estornudos.
Regresé a México para pasar dos angustiosos meses en el hospital viendo como mamá se iba desvaneciendo poco a poco, despacio, en silencio. Pude hablar con ella y decirle cuánto la amo y todo lo que le debo. Fue un privilegio. Pero llegó el 18 de junio y la máquina al lado de su cama anunció el final con un constante pitido agudo. Desde entonces he vivido en una especie de somnolencia que no me deja sentir mucho el dolor. Me protege. La imagen de su rostro ha hecho acto de presencia en varios de mis sueños y la veo cada vez que camino por los lugares que he recorrido antes con ella. Es doloroso pero, también, una manera de entender que la vida es una especie de regalo que tengo entre mis manos y que no me va a durar mucho. En cualquier momento, con cualquier pretexto, esa señora vestida de negro y que tiene una guadaña en la mano puede llamara a mi puerta y no hay mucho que vaya a poder hacer para evitar que entre. Le tendré que abrir aunque no quiera. Es inevitable.

Los años se acumulan encima de uno y las experiencias van dejando su impronta. Te vas dando cuenta de muchas cosas que nunca hubieras imaginado y, cómo no, disfrutas más cada momento. Como éste en el que escribo.

¿Qué más pasó? Hubo elecciones, crisis económica, trabajo, problemas, deudas, conflictos, risas y muchas borracheras. Lo de todos los años. Tal vez todos los finales de década, como el que estamos viviendo, tengan esa carga fatídica incluida. No lo sé. Mis recuerdos de otros finales de década están medio borrados de mi memoria. Me tocó el fin de milenio. cuando todos estábamos asustados por la inminencia de un error informático que supuestamente iba a causar un caos tremendo que nunca cristalizó. Luego vinieron las torres, las guerras, los atentados terroristas frustrados y los que tuvieron éxito. El narco desatado en las calles de México. Las ciudades en estado de sitio, como Juárez, Tijuana, Chihuahua, Morelia y tantas otras. Vinieron los secuestros y la certidumbre de que nos comenzábamos a hundir en el fango de una realidad injusta que ha provocado mucha pobreza, hambre y un dolor inexplicable que llevamos dentro todos. Todos. Sin excepción.
Ha sido una década en la que el silencio se ha apoderado de mis palabras. Dejé de escribir con la misma frecuencia con que lo hacía antes. Como si las frases se me hubieran secado y no quedara nada por decir. No es cierto, por supuesto. Y espero que esta década que comienza pueda retomar el habla. Lo estoy intentando ahora, por lo menos.
Pero se trataba de hablar del año que concluye mañana. Este año cuya sumatoria es dos. Un número que no es necesariamente propicio pues habla de dualidad, de dos caras que se enfrentan la una a la otra. Comienza un año tres, de protección, de estabilidad. Al fin y al cabo el tres es el triángulo, la figura más estable que existe. ¿O no?
Recién regresé de Colombia. Fue una experiencia grata pues llevé conmigo a mi hija que cumplió 15 años y la presenté a mi familia, la numerosa familia de los Arango. Todos la recibieron con los brazos abiertos y con una alegría que superó todas mis expectativas. Claro que era ella la representante de mamá que mantiene viva la línea familiar.Fue una semana de tener las emociones a flor de piel. Vi a mamá en el rostro de todas sus hermanas. Y me dolió infinito. Pero también comprendí que la vida es así. Que las cosas suceden porque tienen que suceder y, la verdad, agradezco que ella haya sido la que se fue antes y no yo. No porque le tenga mucho apego a la vida ( que se lo tengo, por supuesto) sino porque esa es la ley, el ciclo natural.

En fin. Tengo mucho que recordar de este año. Mucho que llorar y también mucho que sonreír. No todo ha sido malo. Muchos ciclos se están cerrando. Muchas situaciones han llegado al límite y entonces las ruedas de la vida se comienzan a mover en nuevas direcciones. Eso me gusta. Tengo mucho que hacer, muchos lugares por recorrer, muchas aventuras por vivir. Y tal vez por eso fue que me animé a escribir una cosa así para ponerla acá en el blog. Aunque no tenga dibujitos y aunque no le interese a nadie. Una disculpa por adelantado. Sin hacerme la víctima, claro, que ya estoy un poco harto de ello.