escribo y exploro y leo poesía.

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viernes, febrero 05, 2010

El teatro. Porque la vida es un escenario, ¿verdad?


Hugo Hiriart es un nombre que he escuchado muchas veces, específicamente relacionado con el teatro en México. La verdad, he leído poco de él. Hace muchos años cayó en mis manos un libro: “Disertación sobre las telarañas”, que es la recopilación de una serie de artículos escritos por él. Me gustó mucho en ese entonces por su manejo del idioma y por sus ideas. Es notorio que se trata de un discípulo del gran escritor mexicano Alfonso Reyes, el de Monterrey.
El caso es que ayer tenía que ir a una reunión lejos y con eso de la lluvia, pues no me animé a ir en la bici. Metro fue la elección. Cuando llegué a la estación me di cuenta de que no llevaba qué leer y a esa hora el periódico ya había pasado por mis manos así que me metí a una librería a encontrar algo económico para tener con qué entretenerme. Me decidí por “La torre del caimán y Rosete se pronuncia de Hiriart. No me di cuenta de que se trataba de un par de obras de teatro escritas para ser escenificadas con títeres. Tal vez si lo hubiera sabido, no lo compro. Pero mi sorpresa fue grande y grata. De ida me leí una de las obras y de regreso de la reunión la otra. La verdad es que el teatro leído nunca ha sido mi fascinación. Como que me parece más algo que de verdad existe cuando se escenifica. Claro que tampoco voy mucho al teatro, je je.
Pero en fin, leí teatro y me encantó. Antes que nada debo aclarar que la edición es muy bonita. La portada increíble. La editorial es Almadía, la misma de otro libro que ya reseñé acá y que me encantó: El ladrón de sueños. Un detalle genial es que en la solapa posterior tiene un separador que puedes recortar y usar. Ya saben, desprenda por la línea punteada y listo.
La primera obra en el libro de Hiriart, la de Rosete se pronuncia ( título que me hizo pensar demasiado y, sobre todo al terminar, en la fabulosa novela de Tabucci: Sostiene Pereira) es muy breve y divertida. Trata sobre el destino y lo inevitable que es a pesar de que tratemos de huir de él. Es sobre un agente secreto que se niega a acudir a una misión peligrosa pero que, cada vez que se aleja de ella, se acerca más. La segunda pieza es mucho más particular. La torre del caimán está escrita en verso a la manera de los corridos. Y se supone que se trata de una obra que debe representar un cantante de corridos ebrio, la mitad cantada uy la mitad hablada. Me divertí mucho. Es, además, una deliciosa fantasía de magia, historias y fantasía a la manera de las mil y una noches. Con torres dentro de torres y paisajes dentro de paisajes. El caso es que descubrí que de pronto leer teatro puede ser una alternativa interesante. Gracias Hiriart.

viernes, enero 29, 2010

La conquista del Amazonas y las amazonas.


Hace un par de posts les contaba acerca de un libro que estoy leyendo que es el de “Rivers of Gold” de Hugh Thomas, el historiador inglés. Parece ser que el tema se me ha convertido en una obsesión o que, por alguna extraña razón del destino que aún no alcanzo a descifrar, es necesario para mí leer acerca de la conquista para reconciliarme con algo. No lo sé. Lo que sí sé bien es que estoy gozando mucho con todos los libros que están cayendo en mis manos este principio de año.
El país de la canela, de William Ospina es el último que leí, mientras acabo el de los ríos de oro. Y lo curioso es que también se trata de un río: el más grande de todos. Esta es la novela, narrada por un hijo de español e indígena en tiempos de la conquista de Sudamérica, acerca del descubrimiento del Amazonas y del primer viaje a través de esa extensa, misteriosa, fascinante y peligrosísima extensión de agua. Me pareció delicioso. Y aterrador. La verdad es que la conquista, como me imagino que todas las guerras, estuvo llena de actos tremendos, crueles y casi que hasta sádicos. También de traiciones.
La conquista del Perú, tan similar a la de México, se narra como de pasada, pero uno puede adivinar que las masacres estuvieron de a peso. Y que la traición era la moneda de cambio. No sólo de los españoles a los habitantes de las tierras a las que acababan de llegar sino también entre ellos mismos. Es como si nadie pudiera ser leal a nadie. Ni siquiera a aquello en lo que creían cuando zarpaban para cruzar el mar.
En el viaje de Orellana por el Amazonas hubo muchos muertos, mucha sangre y muchas pequeñas tragedias. Lo que más me gustó de todo fue escuchar la voz de uno de esos hombres. Porque de pronto te das cuenta de que, también, ellos estaban aterrados y actuaban muchas veces sin siquiera pensar en lo que hacían. La narración es toda en primera persona, lo que te acerca mucho al personaje. Y es, en realidad, una advertencia que escribe el protagonista, cuando ya toda su vida ha pasado y se ha codeado con los Pizarro, con el mismo Orellana y hasta con los cardenales en Roma que escuchaban asombrados su historia pero sólo se preocupaban por saber cómo eran esas mujeres, las amazonas, que le dieron su nombre al río. La advertencia se la hace a un joven que, lleno de ambición, quiere también perderse en esa inmensa selva de la que nadie sale incólume, como del libro.

domingo, enero 17, 2010

Un hombre disoluto. En muchas palabras.


En España le decían hidalgo al “hijo de algo” es decir, aquella persona que heredaba unas tierras o un título nobiliario. De un origen similar es la palabra hideputa (que creo que no tengo que explicar mucho). El libro que terminé de leer anoche se llama Asuntos de un hidalgo disoluto (que de hidalgo y de hideputa tenía mucho). es una novela deliciosa. escrita por un colombiano que se llama Héctor Abad Faciolince. Es la biografía que un tal Gaspar Medina le dicta a su secretaria y que nos cuenta su historia. La de un hombre que nunca sucumbe a las pasiones, ni al alcohol, ni al sexo, ni a las drogas, ni a nada. Bueno, que no sucumbe es un decir. Él trata siempre de caer en las tentaciones para sentirse más humano pero no puede por más que lo intente. Me encantó. Se trata de un libro escrito con mucho cuidado. Con un lenguaje sofisticado pero a la vez, extremadamente divertido. Muy recomendable. Lo que más me gustó es la voz del protagonista que es tremendamente irónico, sarcástico y rezuma un humor negro muy muy oscuro. Como el del tal Larry David de “Curb your enthusiasm” ¿Lo conocen?
Lo leí como interludio ( o descanso, si se quiere) del otro que estoy casi terminando y que se llama Ríos de Oro, la historia del imperio español en la época entre Cristóbal Colón, el genovés que llegó a América y Magallanes, el otro gran navegante. Luego les cuento lo que me pareció ese libro. Antes tengo que terminarlo.

martes, enero 12, 2010

Sapos, científicos y un crimen de lujuria


Según el diccionario de la RAE, “bufo” es lo cómico que raya en grotesco y burdo. También es el personaje que hace el papel de gracioso en la ópera italiana. Pero además, bufo es la palabra en latín que se usa para definir a los sapos. Por eso los nombres de los animales que son de esa familia se llaman así: bufo periglenes, bufo boreas, bufo alvarius y muchas bufonadas más. No sé por qué los sapos son considerados chistosos o cuál sea la relación entre ambas palabras, pero en la novela Bufo & Spallanzani de Rubem Fonseca hay sapos, veneno de sapos y muchas situaciones que podrían ser consideradas grotescas. Chistosas no sé.
Spallanzani, por el contrario, fue un científico italiano precursor de pasteur que estudió varias cosas relacionadas con los microbios y fue el inventor de la inseminación artificial pues fue el que descubrió que para que un animal se reprodujera se necesitaba semen y un ovario.
Esta novela de Fonseca, en la que aparece brevemente un relato sobre el susodicho científico y muchas situaciones en las que hay reproducción entre humanos que parecen animales, me encantó, como todo lo que he leído de él. Fonseca es uno de los escritores más crudos y descarnados que he leído últimamente. Ahora que leo su biografía me doy cuenta de que toda su vida fue policía y entiendo muchas cosas. Se ve que tiene un palco privilegiado para observar de cerca lo peor y lo mejor del ser humano.
La novela trata sobre un asesinato piadoso y sobre un hombre, un escritor, que vive torturado por su pasado y se olvida de él perdiéndose en la lujuria. Entregado a ella. Dicen que las pasiones son la mejor forma de escapar de la razón, ese animal que nos tortura con su voz en el cerebro. La verdad es una novela deliciosa y la recomiendo mucho, mucho. Sobre todo porque el lenguaje y las situaciones, en esa ciudad de Río de Janeiro, parecen estar calcadas de una Ciuydad de México que pocas personas han descrito como él la describe. Otras novelas suyas que me gustaron: “Y de este Mundo Prostituto y Vano, Solo Quise un Cigarro en mi Mano”, “Mandrake, la Biblia y el bastón” y “Vastas Emociones y Pensamientos Imperfectos”. Por sus títulos lo conocereis.

lunes, diciembre 28, 2009

A bailar se ha dicho. Pero leyendo.


Hay bailes que son intensos, profundos y dicen mucho. Hay otros que son, simplemente, divertimentos. Este es uno de ellos.
No pude resistir la tentación de comprar este libro ( La bailarina y el inglés, de Emilio Calderón) en mi último viaje a Colombia ( no sé si se los he dicho pero, en mi experiencia, los libros son un poco más baratos allá y cuando voy compro esos ejemplares que en México siempre están muy caros porque son comerciales, como los de los premios planeta). Mucha gente que respeto y en la que creo dice que los premios planeta son literatura comercial y de fórmulas. Puede ser que haya mucha verdad en ello. Pero yo he leído algunos de esos libros que me han encantado. Claro que no son el hombre sin atributos de Musil o las batallas en el desierto de Pacheco, pero por lo menos me escapo un rato de la cotidianidad y vivo una aventura divertida, que es de lo que se trata la lectura en muchas ocasiones. Por lo menos para mí. Esta novela es muy ligera pero entretenida. Se trata de un inglés nacido en la India que vive esos años de la segunda guerra mundial previos a la caída del imperio británico en ese lugar y a la partición de la India en dos para formar Pakistán. Es un momento histórico fascinante ( leer los hijos de la medianoche de Salman Rushdie). Se trata de una novela de equívocos que en ciertos momentos me recordó el ambiente de alguna de las novelas de Graham Greene como nuestro hombre en la Habana o los mares del sur de Simenón. Todas las distancias guardadas, claro. Es una especie de novela policiaca en la que el personaje central vive situaciones absurdas que lo ponen contra la espada y la pared. Interesante. Muy recomendable como lectura de un verano que ya pasó. ¿A lo mejor en las vacaciones que vienen?

La aurora boreal puede ser asesina.


No, no se trata de un descubrimiento maravilloso acerca de un efecto del calentamiento global en esas fascinantes luces que adornan el cielo del norte del planeta (¿les conté que tuve la oportunidad de verlas cuando tenía algo así como 15 años y fui a Alaska un verano? Es un recuerdo de esos que no puedes evitar mantener vivos para el resto de tu vida). Se trata de Aurora Boreal, novela policíaca de una escritora sueca Asa Larsson (para variar, ya ven que los suecos están de moda: Mankell, Stieg Larsson y ahora otra Larsson, que parece ser como el Pérez por esos lares). Es un libro increíblemente fuerte. Muy intenso. El crimen tiene que ver con una organización religiosa y las ambiciones mundanas de siempre. Pero lo interesante es esa historia paralela de una mujer que se enfrenta a todo un pueblo por sus convicciones, de un aborto que es recibido con desprecio por la comunidad entera a pesar de que su origen sea incluso más despreciable y de una sociedad que parece ser intachable, recta y pura mientras que en realidad se revuelca en la más sucia podredumbre. Me gustó mucho y lo leí en un par de días. suavecito. Recomendable para los que devoran con avidez las policiacas.

jueves, octubre 08, 2009

El espíritu áspero. Muy áspero.


Llevo varios días callado porque, además del trabajo, cayó en mis manos la novela El espíritu Áspero de Gonzalo Hidalgo. A él, por supuesto, no lo conocía. Pero me estaba perdiendo de mucho. Es una novela ideal para gente como yo que disfruta con los juegos de palabras y los malabarismos con las letras. Al fin y al cabo en mi perfil me llamo a mí mismo: malabarista de aire; en ese afán por convertirme en uno.
La novela tiene como premisa el hecho de que Don Gumersindo, o Sindo, como a veces le llaman, se jubila. Se dedica a escribir sus memorias que, eventualmente, llegan a mano de un amigo suyo. Él nos cuenta todo. La historia completa de la vida de Sindo en Murania, un espacio imaginario en España.
La novela es entretenida y está llena de juegos de palabras, de apodos, palíndromos como: “late la teta letal” título de una canción del grupo Tía Laos, del escritor Saúl Olúas, otro de los entrañables personajes de este mundo tan especial. Tan áspero como el título de la novela. También está plagada de referencias a frases literarias lo que, en mi caso, lo vuelve más rico aún porque me encanta descubrirlas en la novela. ;Me siento gratificado como lector. Aunque estoy seguro de que no me entero de muchísimas.
En fin. Se lee fácil aunque no es un libro sencillo y los personajes, tal vez eso más que todo, tienen mucha fuerza. Los recuerdas. Te encariñas con ellos y entonces el libro se convierte en uno de esos que no quieres que terminen nunca porque te gustaría quedarte ahí, en ese mundo, mucho tiempo más.

lunes, septiembre 14, 2009

Una emergencia y el arte de la fuga.


El arte de la fuga. El título me pareció atractivo. Luego recordé que de él había leído un libro que me encantó: “Domar a la divina garza”. ( de hecho, desde ese entonces me quedé con la duda del origen de esa frase tan cotidiana: se siente la divina garza envuelta en huevo, de la que aún no conozco ni imagino su surgimiento). El caso es que me detuve en ese puesto de libros usados que está en el camellón de la calle de Nuevo León acá en la Condesa y me llevé El arte de la Fuga de Sergio Pitol. Me acompañó este fin de semana. Y creo que es una de las lecturas recientes que más me ha reconfortado. Justo antes había terminado de leer a otro gran escritos mexicano: Vicente Leñero, que fue un grato descubrimiento. De él leí un libro de crónicas que se llama: Periodismo de emergencia.

En ambos casos vi cómo se derrumbaban esos prejuicios que a veces tengo con respecto escritores que se mientan mucho en ciertos medios y entre ciertas personas. No voy a decir cuáles ni quiénes porque entonces los prejuicios se derramarán sobre mí. Primero, con Leñero, descubrí un interés renovado en mí por la revista proceso y su historia, por Scherer y por ese grupo de gente en México que sigue creyendo y ejerciendo un periodismo comprometido, no con causas sociales ni con personas en específico sino con la verdad. Objetiva, llana, simple. LA VERDAD. Así, con mayúsculas. Claro que a veces se me ocurre que igual eso de la verdad no es tan sacrosanto ni tan realista. ¿A quién le consta que la verdad existe? A mí no. Ni siquiera mis verdades pueden, la mayoría de las veces, subsistir al paso de los días, meses o años. Es cierto, todo el tiempo cambio de parecer y lo que ayer me sonaba como algo fundamental, inequívoco y esencial, hoy me parece ridículo. Pero bueno. No se trataba de hablar de eso sino del libro de Pitol. Me cayó muy bien. Se nota una persona muy viajada, muy vivida y sobre todo, muy leída. Eso es lo que más me gustó. Ya tengo un par de libros en espera después de sus recomendaciones aunque no sé si me anime con la montaña mágica de Mann. Ese siempre ha sido una especie de escalón que me imagino muy alto para mi limitada experiencia y mis precarias bases culturales. Pero bueno, quién sabe. Dicen que a veces los que menos parecemos ser candidatos a algo acabamos sorprendiéndonos a nosotros mismos. En fin, creo que el Desfile del amor, una de las más reconocidas novelas de Pitol, será una de mis próximas lecturas. Eso que ni qué.

lunes, julio 13, 2009

Ortógrafo urbano. Con acento.


Me encantó esto. Es el blogspot de un copywriter en la ciudad de México que se dedica a colocar
los acentos perdidos en la publicidad que se topa y en cualquier otro letrero,
señal, aviso, pinta o etiqueta que se encuentre por ahí.
Es lo que él llama el programa de reinserción de acentos en la vía pública.

La idea es muy divertida: tiene varios acentos recortados y en el interior
de cada uno va impresa la regla por la que se debe colocar ese acento en esa palabra.
Cuando este chavo ( Pablo Zulaica) descubre una palabra que no tiene el acento que debería tener, le coloca la etiqueta y listo.
La verdad es que no le hace daño una buena arregladita a los letreros de la ciudad.

Es divertido ver la cantidad de propuestas creativas como ésta que van llenando cada espacio del defectuoso. La ciudad se vuelve como un constante diálogo de habitantes silenciosos que se expresan en un territorio de cemento, metal, ladrillo, basura y letreros que absorben, integran y repiten los mensajes de la gente.
Lo bueno es que en el tema de los acentos perdidos vamos recuperando terreno.

miércoles, marzo 25, 2009

el gran sueño. Y sin nytol.


La imagen es de la película, muy famosa, que protagonizaron Humphrey Bogart y Lauren Bacall. Peor lo que yo estoy lñeyendo es el libro, The Big Sleep, de Raymond Chandler. Es un clásico de la literatura policiaca, o novela negra, como le dicen algunos. Ayer encontré una pequeña librería de usados en la colonia Roma, de esas que están ubicadas en el peor lugar para este tipo de negocios, al lado de una estación del metro ( Chilpancingo) y escondidas entre puestos de carnitas, tacos de guisado, viejas revistas de fotonovelas y hartas películas piratas de todos los temas imanigables. Precisamente por eso es poco visitada y eso es buena noticia para mí. Tienen una gran colección de libros en inglés, a diez pesos, y todos del mismo corte. Me compré cinco y comencé a releer este clñásico en una edición de 1949. Sí, estoy feliz.

martes, marzo 10, 2009

La encantadora de Florencia o Florencia, la encantadora.


No sé bien cuál sería la mejor traducción del título pero me parece que las dos son buenas ( a diferencia de la traducción al inglés del libro de Stieg Larsson “Los hombres que no amaban a las mujeres” que se tradujo como “The girl with the Dragon Tatoo” y que me valió una decepción).
Pero bueno, el caso es que ya terminé de leer el nuevo libro de Rushdie, como todos los otros que he leído de él, a excepción de los versos satánicos, me llevó otra vez a un mundo fantástico y, hasta diría yo, maravilloso. Un mundo de magia, de leyendas, de reinos gigantescos donde un hombre, Akbar el grande, sueña y reina con mano dura y mucha poesía. Las letras se suceden unas a otras y construyen una serie de aventuras irresistibles y muy, muy recomendables. Es la historia del “Mogor del amor”, un florentino que llega a un lejano reino en el Industán y cuenta historias que embelesan a todos. Hay mujeres imaginadas que se convierten en figuras reales, grandes ojos negros que hechizan, batallas, un harén repleto de mujeres despechadas, hijos que traicionan a sus padres, eunucos espías, amigos que buscan mandrágoras, piratas, esclavos, un hombre que se llama Amérigo Vespucci y que descubre un mundo, incestos, hogueras donde arden libros y hogueras donde arden hombres, brujas, papas y secretos, muchos secretos. Me parece que Rushdie vuelve a hacer de las suyas y a encantarnos a todos. Lo recomiendo ampliamente.

lunes, marzo 02, 2009

la ruta de la seda. versión moderna.


Me toca escribir del último libro que leí. Se llama China Road y me causó una gratísima impresión. Además aprendí mucho. Lo escribe un periodista, Rob Gifford, un inglés que fue productor de la BBC, amante de China desde los 20 años y corresponsal del NPR ( National Public Radio) en Beijing durante 7 años. Es interesantísimo. Resulta que este periodista, cuando ya va a dejar China y regresar a Londres, en su país, decide hacer un viaje por la carretera 312 ( que corre a lo larho de la ancestral rutra de la seda) en China que va desde Shangai hasta la frontera con Kazajastán. son 3000 millas a través del país, de este a oeste. Es un viaje alucinante. Gifford habla con toda la gente que encuentra y nos muestra un país que se transforma de manera brutal en los últimos años pero es una caja de contradicciones como nuestros países latinoamericanos. Conoce traileros, vendedores de Amway, ermitaños, monjes budistas y chinos pertenecientes a la nueva clase social que ha surgido a raíz de la apertura económica. Se enfrenta a la policía, se pierde y se queda varado en medio del desierto de Gobi, uno de los lugares más secos de la tierra. Por supuesto, también devora comidas exóticas y visita una de las infames aldeas del SIDA donde el gobierno esconde sus errores.
Yo nunca había visto a China con unos ojos tan objetivos, tan críticos, tan comprensivos y tan conocedores. Lo recomiendo ampliamente. Sobre todo ahora que ese país se ha vuelto una obsesión de los economistas, futurólogos y emás crñiticos ocasionales, como yo, por supuesto.

viernes, febrero 20, 2009

poema palindrómico en inglés.

"Dammit I’m Mad"

by Demetri Martin

Dammit I’m mad.
Evil is a deed as I live.
God, am I reviled? I rise, my bed on a sun, I melt.
To be not one man emanating is sad. I piss.
Alas, it is so late. Who stops to help?
Man, it is hot. I’m in it. I tell.
I am not a devil. I level “Mad Dog”.
Ah, say burning is, as a deified gulp,
In my halo of a mired rum tin.
I erase many men. Oh, to be man, a sin.
Is evil in a clam? In a trap?
No. It is open. On it I was stuck.
Rats peed on hope. Elsewhere dips a web.
Be still if I fill its ebb.
Ew, a spider… eh?
We sleep. Oh no!
Deep, stark cuts saw it in one position.
Part animal, can I live? Sin is a name.
Both, one… my names are in it.
Murder? I’m a fool.
A hymn I plug, deified as a sign in ruby ash,
A Goddam level I lived at.
On mail let it in. I’m it.
Oh, sit in ample hot spots. Oh wet!
A loss it is alas (sip). I’d assign it a name.
Name not one bottle minus an ode by me:
“Sir, I deliver. I’m a dog”
Evil is a deed as I live.
Dammit I’m mad.


encontrado aquí.

miércoles, febrero 18, 2009

un viaje a través de cinco mujeres


Henning Mankell no me deja de sorprender. Y ahora, sus cinco mujeres me han dejado casi sin dormir. Se trata del sexto libro de la serie de novelas policiacas cuyo protagonista es Kurt Wallander, inspector de la policía de la ciudad sueca de Ystad. Como todos sus libros, se desarrolla en suecia pero los sucesos tienen que ver con algo que ocurre fuera de ahí, en África, y para ser mucho más precisos, en Argelia, donde cinco mujeres, cuatro de ellas monjas, mueren asesinadas por un comando guerrillero. La quinta mujer, una sueca, muere por error mientras duerme. Y esa muerte desencadenará una venganza al otro lado del mundo, el las frías tierras del norte de Europa.
Independientemente de lo interesante de la trama policiaca en sí, de los avatares de la investigación y de la lucha por los policías para resolver varios brutales asesinatos, lo que me llama mucho la atención es el personaje de Wallander. Más que en cualquier otro caso, nos encontramos con un detective que es un ser humano que a sus casi cincuenta años vive una seire de crisis personales que lo convierten en una persona como todos nosotros. A lo mejor es que a mi edad me identifico todavía más con él. Pero es estremecedor descubrirlo, quererlo, entenderlo y ponerse de su lado en todos esos momentos en los que duda de sí mismo, se siente profundamente culpable por lo que pasa o, simplemente, se sienta ahablar con un asesino y a comprender sus motivos aunque no los comparta.
También es una buena manera de entender a Suecia, de ver que no se trata de un país idílico donde todos viven bien y los refugiados políticos gozan de un estátus maravilloso. Las mujeres y sus relaciones con los hombres son el eje central de la trama. Y, nuevamente, es sorprendente darte cuenta de que aunque no pensemos en esos seres altos y rubios de las tierras frías como machistas igual que nosotros los de tierras calientes, en el fondo son así. Buena lectura aunque en esta ocasión sí recomiendo que para entrar a este mundo de Wallander uno pase por los demás libros primero: Asesinos sin rostro, los perros de riga, la leona blanca, el hombre sonriente, la falsa pista y éste: la quinta mujer.
Ah, por cierto, me acordé de otro escritor sueco que toca un tema similar en su libro: los hombres que no amaban a las mujeres: Stieg Larsson.

sábado, enero 03, 2009

segundo poema rescatado.


va un segundo poema de los que he estado rescatando del olvidadizo olvido.

martes, noviembre 18, 2008

After Dark, de Murakami, de mí mismo.


Ya he hablado en una ocasión anterior de los libros que he leído de este escritor japonés que tanto me gusta. Ahora leí el último libro que sacó y el segundo que leo de él traducido al inglés. Me causó una profunda impresión. Es de esos libros que hacen que me den ganas de escribir de nuevo. Bueno, tampoco es que haya escrito mucho, ¿verdad?

Se trata de la historia de una noche en Tokio. La historia de la relación entre dos hermanas y cómo las expectativas que los demás ponen en nosotros pueden llegar a convertirse en enormes losas como la que cargó el pípila ( me suena familiar, jeje). Una de las hermanas, la mayor, es la hermosa, la bella, la que todos quieren y en la que todos ponen sus esperanzas. Al mismo tiempo es la más débil, la que es alérgica a todo, la que hay que cuidar al máximo. La otra hermana es la que es despreciada, la no tan bella, la fuerte.

La noche es el momento en el que todos los sentimientos, las pasiones y la filosofía se apropian de nosotros. Es cuando bajamos las defensas frente a la inminencia del sueño, cuando caminamos entre la podredumbre, la violencia, los instintos sueltos. Tam iés es cuando se forjan las amistades, cuando las confidencias se apoderan de la lengua y le confesamos nuestros secretos más íntimos a cualquier desconocido.

La acción ( si es que se le puede llamar acción a esto) comienza en un Denny`s, a media noche, cuando los trenes ya no salen a los suburbios y todos se encuentran atrapados en la ciudad. Nuestra protagonista, Mari Asai, conoce a un trombonista, a la ex luchadora que administra un Love Ho ( love hotel, de los que tan famosos son en Japón), a una prostituta china y a una pandilla de gatos ( siempre hay gatos en las novelas de Murakami, ¿qué significan?). Es una novela muy profunda, como la maoría de Murakami, donde las dos hermanas encuentran, en la profundidad del sueño, lo que en realidad las une. Me gustó mucho. Tal vez no me parece la mejor de las novelas de Murakami pero creo que es una buena experiencia leerla. Y a mí se me queda en el cerebro y en el corazón la relación con mi hermano. Tan parecida a ésta...

miércoles, octubre 29, 2008

Una entrevista que le hice hace tiempo a Pérez Reverte

Bueno, es muy larga pero sobre advertencia no hay engaño. Acá va. Lo conocí cuando vino a México por encargo de la revista esa de la compañía de libros de la Gandhi.
A ver qué les parece:


JJ: Cuando escribiste la Reina del Sur te debes haber acercado mucho a México, debe haber cambiado tu relación con México…

APR: Aumentó

JJ: Y ¿ qué pasó con tu relación contigo mismo y con España a través de escribir Alatriste?

APR: Si quieres hablamos de eso: yo tenía muchas cuentas pendientes con España y con el siglo de oro. Si quieres de eso hablamos.
Te voy a decir una cosa: cualquier español lúcido, con memoria, que ha leído, que conoce la historia de la literatura, que conoce a su país... Y cuando hablo de un español hablo del ámbito español, no hablo solamente de España, hablo de lo hispano, hablo de México, hablo de América, hablo de lo que fue la España en los últimos cinco siglos ¿no?, siente una profunda amargura ¿no? Por muchas razones. Primero por todas las oportunidades perdidas. España, lo español, ha sido siempre el territorio de buenos vasallos que nunca tuvieron buenos señores como decía el poema del Cid. Y a veces me pregunto si toda esa picaresca, esa inteligencia, ese talento, ese valor, personal también; si todo eso en vez de emplearse en empresas en busca de la quimera del dorado, o en vez de emplearse en quemar herejes y en acuchillarse entre unos y otros ¿no? Y en guerras estúpidas en Europa por la supremacía y la hegemonía y por la verdadera religión y por el dios verdadero, se hubiera empleado en progreso, en trabajo y en cultura y en... qué mundo tan diferente tendríamos, el mundo hispano sería tan diferente. Ser español y lúcido es una cabronada porque, porque produce una amargura especial. Pero luego también es cierto que esa lucidez te permite ver también la parte positiva.


Yo quiero ajustar con Alatriste muchas cuentas con mi memoria y mi pasado. Con lo negro y lo oscuro de lo español. Pero al mismo tiempo en ese ajuste de cuentas, no puedo evitar también detenerme ante lo bello, ante lo hermoso que fue mucho ¿no? Entonces te das cuenta de que bueno: sí, pero, también. Está la arquitectura, está la pintura, está la música, está la ciencia, está tanta gente decente, y está esta lengua extraordinaria que es la herramienta expresiva más potente que hay. Mucho más que la de los gringos. Pero mucho más de aquí a Lima. Hasta para blasfemar, hasta para insultar, hasta para desahogarte, es una lengua que tiene mucha más capacidad ¿no? El gringo dice el fuck, fuck, fuck, el español dice ay pinche hijo de su pinche madre y se caga un hijo de puta: me cago en… y al mismo tiempo es un acto de vaciarse psicológicamente, es hasta un acto terapéutico y analgésico, el poder blasfemar en español.



Quiero decir con eso que junto a la sombra hubo mucha luz. Entonces Alatriste justamente es decir: bueno, voy a rescribir, voy a decirle a mi hija la historia de lo que fue, de cómo empezó a gestarse todo esto. Pero ni como hicieron los gringos en sus películas cabronas esas en que todos los latinos eran crueles, turbios, sucios, grasientos y malvados y todos los rubios, güeros, eran todos buenos y tal y eso ¿no? Ni con ese complejo de culpa, por cierto asumido por nosotros durante mucho tiempo, porque al que le encanta es a nosotros mismos…
Todos los países tuvieron su luz y su sombra. Solamente que los españoles siempre hemos hablado más de la sombra que de la luz.
Alatriste es un intento por explicarme, por explicar a mi hija el mundo… es un ajuste de cuentas, claro que sí. Pero en ese ajuste de cuentas también hay una parte muy positiva.

JJ: Ahora, hablando de lo que decías ahorita de blasfemar y del lenguaje, en Alatriste yo sentí algo muy interesante que es acercarte un poco al lenguaje de esa época pero por otro lado, dicho y escrito como hoy…

APR: Sí es que he tenido un problema técnico muy importante. Y ahora ahí entramos ya a lo que es la técnica narrativa, lo profesional. Entonces, la cosa es la siguiente: yo tenía que contar una historia que fuese creíble en lenguaje. Si yo hubiera utilizado un lenguaje del siglo diecisiete, la verdad habría sido un lenguaje anacrónico, perdón, arcaico. Y si yo hubiera utilizado un lenguaje moderno, habría sido un lenguaje anacrónico. Tenía que encontrar un lenguaje híbrido, una mezcla que no existe en ningún lado. Tenía que inventarme yo digamos, un español que tuviese la eficacia del español moderno y al mismo tiempo tuviese el aroma del lenguaje clásico; que me permitiera introducir palabras ya en desuso pero recuperarlas de nuevo, ponerlas a circular combinadas con palabras nuevas. Yo me inventé, tuve que inventarme un español. Igual que cuando, y salvando las distancias, si tú lees a Juan Rulfo, el campesino mexicano no habla así, pero tú lo lees, a Juan Rulfo, y parece que está hablando un campesino mexicano. Bueno, pues conseguir ese efecto precisamente es la obligación de cualquier escritor coherente, ¿no? Me puse a trabajar en serio, muy seriamente, haciendo pruebas, experimentos con el lenguaje, con la sintaxis, con el vocabulario, hasta que conseguí ese lenguaje digamos, que me ha dejado contento y que bueno al lector pues también le ha dejado contento, ¿no? Pero no es un lenguaje casual, es un lenguaje muy trabajado que me cuesta mucho esfuerzo ponerlo a punto y que se basa por supuesto en todos los clásicos, en todo el lenguaje de Quevedo, de Lope, de Calderón, de Cervantes…

JJ: es muy interesante eso….

APR: De hecho me han hecho académico de la Real Academia Española precisamente por Alatriste. Las razones que ellos han… ¿cómo que académico yo? Pero no me jodas ¿qué voy a ser respetable? Yo voy a mi aire, yo, bueno pero es que me han dicho, bueno la Reina del Sur. Otro caso del lenguaje también, La Reina del Sur… Pues encantado yo, pero nunca lo pensé…

JJ: una pregunta, llevas cinco libros de Alatriste ¿no? Y de repente ahora se está hablando de la película y será, si es que sucede, se convertiría equis actor en Alatriste ¿no?

APR: Bueno va a ser Vigo Mortenssen y Gael García va a ser Iñigo eso ya está casi seguro.

JJ:L ¿qué pasa? Tú como escritor te lo imaginaste, creaste a Alatriste…

APR: Yo como escritor no me imagino nunca a nadie. No, vamos a ver, aquí hay una cosa importante que es: el cine está presente en mi narrativa como en la de cualquiera porque yo soy de un siglo en que lo audiovisual es muy importante. Además yo he trabajado en televisión muchos años, me crié con el cine clásico, en la pantallas de cine y veo mucho cine, y evidentemente que el cine proporciona a cualquier narrador actual un montón de estructuras narrativas muy importantes. Además de eso el lector ha visto mucho cine y televisión con lo cual, uno puede utilizar también, para ser más eficaz, la enciclopedia audiovisual que ya tiene el lector. O sea yo juego con lo que el lector sabe. Lo cual también es muy importante a la hora de que el lector acepte ese código narrativo que es leer una novela y creerse lo que pasa dentro. Lo que pasa es que, dicho lo cual, yo no pienso en el cine cuando escribo. Yo no puedo, yo no veo película cuando escribo una novela. Yo escribo una novela. Mis personajes son los que yo tengo en la cabeza. Y yo los imagino de una forma determinada que nada tiene que ver con la encarnación del cine. Lo que pasa es que asumo que después el cine es el cine y que el cine tiene pues sus exigencias plásticas, necesita encarnar con caras eso, ¿no? Eso quiere decir que la verdad nunca son, cuando los veo en el cine nunca son mis personajes. Salvo quizá el caso de Johnny Dep en “La novena puerta” que hizo Polanski, y hace un Lucas Corso que se parece mucho al Lucas Corso que yo describo en la novela y al que yo tengo en la cabeza, el resto no tiene gran cosa que ver con lo que yo imagino. Es muy raro que un personaje en la pantalla se parezca al que yo imagino. Y Alatriste no es Vigo Mortenssen. Pero ahí sí estoy seguro que Vigo Mortenssen hará un magnífico Alatriste. Es más estoy seguro que con Vigo Mortenssen todo mundo verá a Alatriste con cara de Vigo Mnortenssen pero bueno, ese es el cine.

JJ: Y después ¿qué? ¿volverás a hacer otra novela de Alatriste? ¿después de algo así?

APR: Yo Alatriste lo hago entre nove… yo hago novelas largas que son verdaderamente luego las que, las que más me han importando siempre ¿no? Y entre ellas, para descansar, hago un Alatriste. Lo que pasa es que lo que antes era un descanso, un divertimento, una reflexión, una especie de, de vacaciones, pues ahora se ha convertido contra mis expectativas en un fenómeno pues eso, que está en los colegios, que la película; eso me obliga a asumir con más, no rigor, pues siempre he puesto rigor, pero digamos con más dedicación el asunto Altriste, que antes era un asunto digamos, yo decía que eran novelas secundarias. La realidad es que Alatriste me lleva seis meses escribirlo. La Reina del Sur me llevó dos años y medio. Esa es la diferencia.

JJ: Y si tú estuvieras ahorita con el capitán Diego Alatriste a tu lado…

APR: He estado… ha estado a mi lado, somos viejos amigos.

JJ: ¿qué le preguntarías? ¿qué te contestaría?

APR: Nada porque es que nosotros no hablamos. Alatriste es un hombre silencioso, si te has dado cuenta es de los que hablan poco. Los héroes de verdad, y esto no lo invento nada, yo he pasado mucho tiempo no con Alatriste pero con Alatristes digamos ¿no? De hecho está construido en personajes que existen de verdad y en partes de mí mismo también. El héroe lúcido suele ser silencioso. Siempre. El que sabe no habla. Habla el que no sabe. Pero el que sabe, calla. Alatriste es de los que callan. Alatriste es como mis viejos amigos ¿no? Yo tengo amigos a los cuales a lo mejor los veo después de muchos años. Abrimos una botella de algo, nos sentamos a tomar y no abrimos la boca en una hora. Eso es un amigo. El héroe lúcido suele ser silencioso es de esos.



JJ: Algo que me llama la atención de Alatriste es Iñigo de Balboa. Iñigo es el compañero, un poco el Watson.

APR: Más que compañero es el, el alumno, el admirador, el espectador, los ojos del lector. No, no es Watson, no. No porque Watson colabora con Holmes. Pero sí es el Watson en el sentido del narrador quizá, en ese aspecto sí. Es quien narra. Iñigo es la voz, es la mirada del lector. A través de Iñigo lo vemos. Como Alatriste es un personaje muy hermético, muy silencioso, necesitamos una mirada cercana que nos lo describa y nos lo cuente y es donde aparece Iñigo como necesidad. Iñigo va creciendo. Aquí ya ha crecido. Ya ha estado en la guerra. Ya se ha cogido a sus señoras y tal. Iñigo tiene ya un punto de vista mucho más acusado, es ya alguien. Ya discute con el capitán, ya está más vivo. Pero sigue siendo la mirada del narrador. La mirada del lector.

JJ: Veo que aquí en Alatriste pasa un poquito, no sé si es una fórmula o no, lo que ha pasado en “La Tabla de Flandes” y en “El Club Dumas” y en “La piel del Tambor”, en todas, que es: hay algo que mueve la novela, hay como una persecución, una búsqueda…

APR: Ah claro, claro, es que yo necesito eso en todas mis novelas es que yo si no me aburriría mucho. Yo respeto mucho todo tipo de novela pero una novela en la cual un tipo está mirando la pared durante seiscientas páginas, a mí no me interesa nada ¿no? Aunque lo que dices sea muy interesante. Prefiero que pasen cosas ¿no? Yo siempre busco un elemento, un misterio, un enigma, una persecución, algo, un lance que me permite contar la misma historia de una forma mucho más divertida y divertirme yo y que se divierta el lector. Pues por eso hay, claro hay peripecias, en todas mis novelas la hay. A veces hay gente que dice, no esas novelas son de aventuras, no. Hay aventura en mis novelas, claro que la hay ¿no? Pero son novelas mucho más complejas que de aventuras. Aunque sea la aventura la forma exterior. Es como la Reina del Sur. La Reina del Sur es una novela de aventuras evidentemente, es una novela policíaca, de acción, pero dentro hay… estoy hablando del corazón de la mujer, una mujer en un mundo de hombres. Eso podía ser perfectamente en el periodismo, en la política, en el matrimonio, pero elegí el narco porque es un mundo más aventurero, pero el conflicto es el mismo ¿no? Eso es lo que hago, que siempre doy esa apariencia de aventura, por eso quizás me leen mucho ¿no? Por eso quizás me lee igual el lector digamos, más serio, más riguroso, me lee también el lector que lo que quiere es aventuras, peripecias, la película. Igual un chico joven que alguien mayor…

JJ: ¿ a ti quién te gustaría que te leyera?

APR: ¿cómo? Quien me lee, pues todos. ¿Qué escritor no quiere que lo lean? El escritor que diga que no quiere que lo lean es que es un imbécil o está mintiendo. O a veces es un imbécil que además está mintiendo. Pero cualquier escritor quiere que lo lean. Si no para qué escribes ¿no? ¿para masturbarte o para poder coger? Hasta para poder coger con los libros tienen que leerlos las lectoras ¿no? Siempre. A mí me encanta que me lean, no tengo ningún complejo.



JJ: Muchos jesuitas de repente aparecen en tus obras ¿Hay alguna relación con ellos?

APR: No nunca, no, no, yo estudié en los maristas y me echaron además. No únicamente que me parecen muy interesantes porque de la historia de la iglesia quizás sea la corporación eclesiástica más interesante por muchas razones. Inteligentes, manipuladores, valientes cuando dieron su batalla contra Portugal y contra España aquí en América, en Paraguay y tal. O sea me parecen gente, me parecen héroes digamos, entre comillas, ¿no? Con toda la parte negativa que tienen también ¿no? Me parecen muy novelescos. Además Aramis, el tercer mosquetero, al final de los tres mosqueteros es superior general de los jesuitas o sea que ahí hay algo de misterioso, de aventurero, que siempre me fascinó. Yo si hubiera sido cura, habría sido jesuita. Pero vamos, está muy lejos de mis…

JJ: ¿a ti qué te gusta leer?

APR: Yo ahora releo más que leo. Yo leo desde los ocho años. Yo crecí en una casa con una biblioteca de cinco mil volúmenes y la mía: tengo quince mil volúmenes en casa. Y en mi velero tengo unos doscientos o trescientos que llevo continuamente.

JJ: ¿vives en Madrid?

APR: Vivo en Madrid y en un velero que tengo. Paso parte en un velero en el mar mediterráneo y parte en Madrid. Cuando has leído toda la vida decir qué lees es muy, porque yo leo mucho. Leo de historia. Sobretodo lo que hago es que releo más que leo. He estado toda la vida leyendo. Tengo además una formación académica y educación en mi casa muy rigurosa con latín, con griego. De esas que se hacía antes en las familias mediterráneas que pensaban que el latín, el griego, todas esas cosas eran buenas para… y es verdad, me alegro mucho de haberlo hecho. Pero bueno pues ahora lo que hago es que releo. Pero sobretodo releo mucha historia. Me interesa mucho. Y novela muy poca. Y novela contemporánea menos. Muy poca.

JJ: ¿por qué?

APR: Pues porque no me interesa. Leo aquello que me interesa. Si estoy trabajando en una novela entonces sí leo aquello que tiene que ver con esa novela. Por ejemplo cuando estaba con la Reina del Sur me leí de México cuanto pude: novela, ensayo, poesía, economía, todo ¿no?. Pero no porque, es que leído mucho, es que ya me he leído todo. Es que a Mann, a Stendhal, a Balzac, a Cela, a Tolstoi, Dostoyevsky, a Scott Fitzgerald, a Dumas, a Conrad, a Dickens, a Rulfo, a Hemmingway, a todos me los he leído ya. Entonces claro, pues, a veces releo algo que me interesa mucho, pero yo creo que lo que leo son sobretodo los libros de historia. O releo los clásicos españoles y griegos y latinos que me interesan mucho. Sobretodo hay una biblioteca, esa biblioteca Gredos, que tenemos en España, que tiene todos los clásicos griegos y latinos, pero todos, son quinientos volúmenes ¿no? Y la tengo y ahora, con la vejez, con la edad, acudo cada vez más a esa… los estoicos, los filósofos estoicos, cosas que me interesan mucho. Que después me ha servido para mis novelas ¿no? De todo se utiliza, todo vale para las novelas.

JJ: Sí, yo veo que investigas mucho. Yo me acuerdo que en la Carta Esférica, por ejemplo, yo descubrí que de repente había otro meridiano, un huso horario distinto, en Cádiz…



APR: Es un trabajo muy divertido. Escribir una novela no es solamente escribirla, es que, durante dos años me garantizo lecturas, viajes, es como garantizarte un territorio en el cual vas a ser feliz durante ese tiempo. Yo soy un escritor muy feliz ¿eh? Yo no sufro. Cuando un amigo me dice: no, la página en blanco, la agonía de la creación, le digo vete a tomar por culo. Pues cambia de oficio pendejo. O sea no seas escritor, sé otra cosa. Porque si no disfrutas ¿para qué coño escribes no? Es que yo creo que me lo paso muy bien.

JJ: O sea que es un mito eso de que el escritor…

APR: en mi caso es un mito, en otros casos no lo sé. Pero en el mío… yo soy muy feliz. Si yo no fuera feliz te aseguro que yo no escribiría.

JJ: Y ser corresponsal de guerra ¿ qué te dejó?

APR: Me dejó el punto de vista, la forma de mirar el mundo, me quitó muchas inocencias, me dejó lucidez, me dejó muy mala leche, que decimos en España, un gran desprecio por la condición humana, muy poca credibilidad para los hombres. Algunas certezas, algunas esperanzas también y sobre todo me dejó una forma de mirar el mundo. La certeza de lo frágiles que somos, de lo vulnerables que somos. Paradójicamente, desde que sé lo vulnerables que somos, yo tengo menos miedo. Porque asumo que el mundo es una… que todo lo tenemos en préstamo: la belleza, los objetos materiales, el amor, la salud, lo tenemos en préstamo. Temporalmente. Entonces la guerra te enseña a ver que todo es relativo. Y me enseñó a vivir con más sencillez y a no complicarme la vida. A no pretender buscar grandes respuestas a preguntas difíciles. Me ayudó a vivir con más sencillez, y sobre todo me dio una manera de ver el mundo que es la condición para mis novelas.

JJ: Y regresando a Alatriste, ¿tu hija? Finalmente, después de cinco.

APR: Mi hija sólo me ayudó en la primera. Es que mi hija era muy pequeña, tenía doce años. Yo quería que ella se interesase por el siglo de oro, por la literatura, por la historia esa. Entonces le dije: quiero que me ayudes. Pues iba al museo, tomaba notas, me contaba su punto de vista. Le pagué mil pesos por su trabajo.

JJ: ¿ y se interesó?

APR: Se interesó. Ahora estudia historia y arqueología. Así que mira si se interesó o no. Pero bueno, por eso firmé con ella. Literalmente me ayudó muy poco. Únicamente fue una forma de que ella se implicara en esa historia. Verdaderamente ese libro está dedicado a ella. la serie está dedicada a ella.

JJ: ¿ sólo tienes una hija?

APR: Sólo tuve tiempo de hacer una. La vida que llevaba no me permitía tener familia numerosa. Durante veinte años trabajé siempre en países en guerra. Siempre. Desde el año setenta y tres hasta que me retiré después de Sarajevo. Todo fueron guerras entonces, claro, pues siempre estaba viajando, la mochila al hombro. Yo hacía fotografía durante mucho tiempo hasta que me cansé de la cámara. Durante diez años yo hacía mis fotografías. Después pasé a la televisión. Y bueno, siempre viví con la imagen. Claro, todo eso no te deja tiempo ninguno para vida familiar. Y fui un vagabundo veintiún años. Por eso te digo: un mercenario honesto. Y bueno, ya un día se acabó y me dediqué a escribir y a poner todo eso, a ponerlo, a ordenar lo que durante toda esa vida había yo ido echando a la mochila en desorden.

JJ: En ese sentido a lo mejor sí cumples un poquito con el estereotipo, si quieres, del escritor que primero vive…

APR: Ah, sí, sí. Es que yo creo. No, es que yo creo que no hace falta irse a la guerra para eso. Cuando un chico joven viene y me dice: no es que yo soy escritor, le digo: tú eres una mierda. Tú tienes dieciocho años. ¿Cómo vas a ser escritor si no tienes nada que contar pedazo de cabrón? Salvo que seas un monstruo, salvo que seas un genio, que a veces se dan, pero no es el caso habitual. Tú no tienes nada que decir, tú serás escritor un día si escribes, si estudias, si lees, si vives. Y después tu vida, más tus libros, todo eso, se volcará en una obra o no se volcará y ya está. Pero cuando uno, o sea, es que ¿cómo va a escribir? ¿de qué va a escribir lo que no ha vivido? Un tipo que ni ha amado, ni ha cogido, ni ha llorado, ni ha sufrido, ni ha viajado, ni ha estado solo, ni ha estado enfermo, ni ha pensado en el dolor o en la muerte ¿ de qué cojones va a escribir?



JJ: Sí, como que de repente escribir se ha vuelto una cuestión así de moda y…

APR: Me parece que te voy a decir, yo escribo porque tengo algo que decir, yo escribo porque tengo una historia que contar. Y si no: “No, es que yo quiero escribir y no tengo una historia”, pues entonces no escribas gilipollas. Eso es así ¿no? El mundo es muy estúpido y eso es una forma más de estupidez. Yo creo que el escritor tiene que formarse en la vida primero ¿no? En lecturas, en imaginación. Después en talento narrativo, en capacidad técnica. Porque un escritor también tiene que estudiar. ¿ Cómo un tipo va a escribir novelas si no conoce toda la novela del siglo diecinueve? Si no conoce a Stendhal, a Galdós, a Dostoyevsky, a Tolstoi, a los que inventaron la novela. Es como Picasso. Tú puedes ser Picasso pero antes tienes que pintar como Velázquez. Si no nunca serás bueno como Picasso. Pues es eso. No un poco sino que es eso. Y yo sostengo que es necesario ese aprendizaje técnico, ideológico, para después poder escribir. Por lo menos en mi caso yo lo veo así.

JJ: Oye ¿y ya estás trabajando en algo nuevo?

APR: Sí, siempre trabajo en algo nuevo. Sí, tengo una novela nueva. Sí, que ésta la acabo de sacar ahora. Y me llevará un año y medio, dos años me llevará de mi vida.

JJ: ¿dos años te lleva una novela?

APR: Una novela larga sí.

JJ: ¿y es dos años desde que empiezas a investigar o ya de escritura real?

APR: No, no, desde que empiezo a investigar.

JJ: Oye. Y ya para terminar, para no hacer esto enormemente largo, aunque por mí me quedaría contigo todo el tiempo, tengo que hablar del once de marzo, tengo que hablar de lo que acaba de pasar en España: ¿Qué sientes? ¿qué te gustaría decir de eso?

APR: Más que triste estoy furioso. Furioso. Porque esto no es más que el resultado de la estupidez, la ignorancia y el fanatismo mezclados como cóctel ¿no? Es el peor cóctel que se da, lo he visto en muchos sitios. Yo pasé, como hemos dicho, la vida en países en guerra, en Sarajevo, en Beirut, en el Zaire, mil, mil sitios ¿no? Y siempre es la misma historia, siempre es la misma historia: un ignorante, fanático y estúpido es el capaz de hacer esas cosas ¿no? Eso solamente se cura de una manera, con libros. Con los míos o con los de otros. Solamente la cultura, el conocimiento ¿no? la cultura de verdad, no la de diseño, absurda, ni tal. Sino la cultura como memoria, como solidaridad, como caridad internacional ¿no? Ya sabes que todos somos parte de una vieja historia ¿no? que tiene diez mil años de antigüedad, que nace en el mediterráneo, en la India, en el Islam, en Grecia, en Roma, en la entidad medieval que viene a América en naves españolas, se mezcla con los indios y se hace criollo y se hace mestizo y vuelve allá y bueno, eso ¿no? Esa vieja y hermosa historia de lo que llamamos el mundo conocido, el mundo civilizado, el mundo occidental, que es el nuestro. Solamente se explica con cultura y quien la conoce no puede odiar ¿no? Quien la conoce comprende. Solamente odia aquel que no conoce ¿no? Le dice: No, es que vino tu abuelo y se folló a mi abuela, y se folló y tal, y te mató la cabra, a su tatarabuelo y tal, tal, tal. ¿ah sí?. ¡qué hijos de puta! ¡Vamos a matarlos! Pero si lee y sabe y entiende esta gente que no es así. Yo siempre me acuerdo una vez en México, un purista mexicano: llego y me siento y empieza a insultarme ¿no? Usted tal, ustedes los españoles y gachupines cabrones vinieron aquí a romper los hijos y a matarnos a todos y tal y eso, ustedes, ustedes. Y yo, ya educado, ya me hartó y le dije: un momento, usted cómo se llama, ¿cómo se llama de apellido? Dice: me llamo Fernández. Pues quien vino fue su abuelo, quien se folló a su abuela fue su abuelo. O sea, el mío se quedó ahí. Entonces usted tiene que arreglar cuentas con su abuelo. Usted no puede renegar de su abuelo. Forma parte de su vida. Si usted leyera se daría cuenta de que eso forma parte, de que México es España. Que lo dicen los Tigres: indio de dos continentes mezclado con español. Yo soy más americano que el hijo de anglosajón. Eso es México, no me toque los cojones, vaya usted y lea libros. Y verá que en efecto hubo muchas cosas malas y también hubo muchas cosas buenas. Pero que fue su abuelo de usted… fue el suyo. O sea está en su sangre, coño, o sea no me joda. Me puse… y el tío se quedó muy tal, y después ya: pues es verdad ¿no? Entonces conociendo, leyendo, sabiendo, es como se evitan esos odios horribles. Uno puede asumir las cosas como son. Todos somos fruto de un mestizaje universal. De un montón de culturas diferentes y de razas ¿no? Y leyendo lo comprendemos. Sin ese conocimiento, sin esa lucidez que nos da la cultura, no somos más que bestias enfrentadas por el agravio. Y claro, cuando uno no tiene memoria, de lo bueno sólo queda el agravio. Y todos tenemos agravios contra otros ¿no? Por eso es que creo que la única vacuna para esas canalladas como la de hace dos días en Madrid, es la cultura. Y los libros ¿no?



JJ: La vacuna contra muchas cosas ¿no?

APR: contra todo, contra todo, contra todo.

JJ: yo creo que algo bien interesante es que tu trabajo puede ayudar mucho en México a que los muchachos lean, la gente joven siempre puede leer una cosa que es así, que es divertida, que es ligera…

APR: Pues para eso surgió. ¿Sabes que el libro éste está en los colegios de España y también está en colegios mexicanos que trabajan con Alatriste? Porque al fin y al cabo estamos hablando de un siglo que, también México era España, Ruiz de Alarcón estaba allí, no estaba aquí.

JJ: Exacto. Y lo tienes en la novela ¿no?

APR: Era todo el mismo territorio, sufrimos todos bajo los mismos reyes incapaces, estúpidos, ministros hijos de puta, ladrones y corruptos y curas fanáticos y febriles. Todos sufrimos igual allí que aquí, todos sufrimos igual. Y bueno, entonces entenderlo es conocer la propia memoria. Y entonces, somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos. Y cuando lo conoces entiendes mejor el mundo actual y lo puedes comprender. Te duele menos. Te relacionas mejor con la gente. De eso se trata, por eso nace Alatriste.



JJ: Y si además te diviertes en el proceso, mejor ¿no?

APR: es que además me divierto, me divierto mucho.

JJ: Eso es lo que yo rescataría muchísimo aquí.

APR: Me divierto mucho y se nota además que me divierto mucho.

JJ: Sí. Por supuesto.

miércoles, octubre 08, 2008

Adriano sí que se acuerda.




Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar es la última adquisición de mi memoria. Lo había medio leído en la universidad pero, la verdad, en ese entonces no debo haber pasado de la cuarta parte del libro.

Me parecía pesado y difícil, denso. Pero hace un par de fines de semana lo encontré y, desde que lo abrí, supe que tenía que leerlo completo. Es fascinante. Una larga carta del emperador romano que ya siente pasos en la azotea, es decir, vé la muerte abalanzarse sobre él y le escribe a quien eligió como sucesor: Marco Aurelio.

Los temas son infinitos. Más allá de simplemente contarnos acerca de su propia historia, nos habla como hombre de sus dudas, sus miedos y lor retazos de felicidad que tuvo. Habla del dolor que le provocó la muerte de su amado. Sí, en masuclino: amado. (me pregunto: si en esa época la homosexualidad estaba tan bien vista, cuándo fue que se volvió el demonio que durante tantos años ha sido, aunque ahora sólo parezca un lucifer de carnaval).

Adriano fue un gran hombre de su tiempo. Un humanista que supo cuándo luchar y cuándo dejar de hacerlo. Responsable de una de las grandes luchas en la Jerusalém de entonces y constructor incansable. Detuvo muchas guerras precisamente porque supo ser buen soldado y también supo escuchar a Plotina, la esposa del anterior emperador: Trajano. La historia es increíble, cómo no. pero lo mejor de todo es la literatura. La traducción que leí es de Cortazar y eso garantiza que cada una de las palabras y de las frases tenga esa musicalidad que tanto me gusta de nuestro idioma.

Me imagino que en francés también es una lectura exquisita.

Lo recomiendo mucho. Mucho.

Ah, cómo olvidar el epígrafe:

Animula, vagula, blandula,
Hospes, comesque, corporis;
Quæ nunc abibis in loca,
Pallidula, rigida, nudula

Pequeña alma, errante y encantadora
Invitada y compañera del cuerpo
Que pronto partirás a lugares
Oscuros, fríos, brumosos

martes, septiembre 30, 2008

Leve, leve, muito leve


La literatura y la facilidad en que se convierte en una obsesión. Ese es tal vez el tema central de la novela de Vila Matas que acabo de leer: “El mal de Montano”, premio Herralde de novela en el 2002. Y nunca mejor expersado como con las palabras del poeta portugués Fernando Pessoa: la literatura, tanta angustia acerca de nada. (o algo así, claro, mi memoria no es tan fidedigna).

Me pareció fascinante la manera en que la realidad del narrador, la del mismo escritor y la de los personajes que crea, emplea o le copia a la vida, se entrecruzan en una especie de relato, novela y diario que me atrapó desde el principio. Con topos que conspiran contra la literatura desde el interior del crater de un volcán perdido en una isla de las Azores, un famoso actor húngaro que es la persona más fea del mundo y un crítico literario que en realidad es escritor pero vive obsesionado por dejar de estar obsesionado por la litearura. La novela o como se llame, está plagada de referencias literarias, es como un “mashup” de palabras y letras y frases de otros que adquieren nuevos sentidos cuando las descubres y cuando no ( que en mi caso fue en la mayoría de las ocasiones), son una tentación de leer a nuevos autores para regresar a reconocerlos acá. Parecido a lo que encontré también en: “la vida y opiniones de Tristram Shandy, caballero” de Laurence Strene y que me parece una vedadera joya de la que habría que hablar más.

A Vila Matas le debo haber descubierto a ese autor después de leer “la conspiración Shandy” y también le debo el gusto de conocer a Robert Musil y su “Hombre sin atributos”. Por lo menos ahora ya sé a qué lugar del planeta corresponde Kakania.

Lo que más me gustó fue descubrir, entretejida en el texto, una de mis poesías favoritas de Pessoa, en su personaje de Alberto Caeiro. La cito:

Leve, leve, muito leve, Um vento muito leve passa, E vai-se, sempre muito leve. E eu não sei o que penso Nem procuro sabê-lo.

viernes, julio 04, 2008

La carretera que va hacia ninguna parte. Y no importa.


Siempre me ha gustado la imagen de dos viajeros que van a ninguna parte, que se dejan llevar por el camino y descubren que no hay procedencia ni destino que valgan una vez que te pusiste en marcha.
Pero en este caso, la carretera es mucho peor.
Cormac McCarthy es un escritor americano de mucho cuidado. Tiene las palabras llenas de una violencia que te pega en lo más profundo y que te deja callado por varias horas. Como Coetzee.
Él fue quien escribió el libro de “No country for old men” en el cual se basaron los hermanos Cohen para su película.
Con éste de la carretera obtuvo el premio pulitzer del 2007 y la verdad es que se lo merece con creces. Es una especie de novela de ciencia ficción que se desarrolla en un futuro nuclear. Todo ha desaparecido y sólo quedan cenizas sobre cenizas sobre la tierra. Algunos grupos de humanos caníbales vagan tratando de sobrevivir y entre ellos, un padre y su pequeño hijo que recorren la carretera abandonada mientras empujan un carrito del supermercado en busca de latas o cualquier alimento.
El destino final de su caminata es la costa, el mar, la salvación por excelencia porque, de algún modo, implica regresar al líquido amniótico de nuestra especie.

Es un libro sobrecogedor, triste, desolador, y a la vez, un cuento lleno de esperanza donde esa relación padre hijo se reduce a su expresión más básica, más primordial y más íntima. La cercanía de la muerte siempre provoca que se rompan todas las barreras.

No puedo quitarme de la cabeza una frase del libro: Recordamos lo que queremos olvidar y olvidamos lo que quisiéramos recordar.
Uf.

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